AlfonsoMontero
Riesgo y retorno Por Alfonso Montero

Los activos financieros mexicanos se perdieron el rally de mercados emergentes en el 2016. El peso mexicano se depreció 17% y la bolsa cayó 9.5% en dólares. Luego de un período de pánico que siguió a la elección de Donald Trump, la situación se ha estabilizado en las últimas semanas. La intervención del Banco Central de México (Banxico) en el mercado cambiario ha puesto freno a las expectativas devaluatorias. La pregunta es si ya es momento adecuado de invertir en el país y cómo. Como anuncia el título de este blog, mi opinión es bullish (optimista).

La oportunidad más evidente está en emisores que ya se benefician de algún aspecto de la nueva coyuntura. Cementos Mexicanos SA de CV (Cemex) es uno de los principales productores de cemento en Estados Unidos, y espera un impulso en las ventas producto del plan de infraestructura de Trump. El turismo se ha vuelto más competitivo gracias a la devaluación del peso. Compañías hoteleras y de aeropuertos presentan ambiciosos planes de crecimiento para el 2017. Luego están las compañías que se han expandido internacionalmente en los últimos años, como Arca Continental, América Móvil y el propio Cemex, que redujeron su dependencia del consumidor mexicano.

Las compañías con mayor potencial de apreciación, y también de mayor riesgo, son las que forman parte del supply chain de comercio internacional, como productores de autopartes y compañías de real estate que arriendan espacio a multinacionales que producen para exportación. Que se cristalice una ganancia depende de una resolución favorable, o, al menos no tan mala, de las negociaciones del Nafta. Pese a la retórica incendiaria de Trump, hay motivos para creer que la negociación no será tan negativa para el país como lo indicarían los precios del mercado.

En la práctica, la teoría es distinta

El primer motivo es la importancia de México para la economía de Estados Unidos, ya que es el segundo destino de las exportaciones estadounidenses con US$231,000 millones en el 2016. Se estima que 5 millones de empleos estadounidenses dependen del Nafta. Las exportaciones de México a su vecino del norte tienen, en promedio, 40% de contenido de EEUU.  Además, México ha sabido defenderse de presiones proteccionistas en el pasado. En marzo del 2008, en respuesta a normas que impedían (en violación de las reglas del Nafta) el cruce de camiones mexicanos a Estados Unidos, México impuso aranceles retaliatorios a 89 partidas seleccionadas para causar daño a los distritos de representantes políticos que votaron a favor de la restricción. El representante demócrata por Oregon, Bill DeFazio, vio cómo la industria oregoniana de árboles de Navidad cayó 45% entre el 2008 y el 2010. Algo similar ocurrió con las exportaciones de manzanas del estado de Washington y las uvas de mesa californianas. En el 2011, Estados Unidos permitió el paso de camiones y México bajó los aranceles. Esta estrategia de presión selectiva está nuevamente en marcha hoy, enfocada en exportadores agrícolas norteamericanos que cuentan con un lobby poderoso en estados republicanos como Texas. Conscientes de esta realidad, en las últimas semanas funcionarios encargados de su política comercial, como Wilbur Ross y Peter Navarro, han expresado el objetivo de llegar a un acuerdo “razonable” y “mutuamente beneficioso”.

El riesgo principal para México es que la renegociación no se resuelva antes de las elecciones presidenciales del 2018. El candidato de extrema izquierda, Andrés Manuel López Obrador basa su campaña en una retórica de nacionalismo y confrontación. Una lenta o mala negociación del Nafta y temas que generan animadversión en la población mexicana, como el muro fronterizo o los insultos de Trump, incrementan sus posibilidades electorales. Con todo la reciente estabilización del tipo de cambio, la suavización del discurso comercial de EEUU y valorizaciones razonables generan un punto de entrada atractivo.