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Riesgo y retorno Por Alfonso Montero

El mes pasado, Morgan Stanley Capital International (MSCI), el proveedor de índices bursátiles de mercados emergentes más influyente del mundo, decidió incluir en sus índices a las acciones de los mercados de Shenzhen y Shanghái, conocidos como “China A-Shares”. La decisión representa un triunfo para el gobierno chino, ya que se da producto de cuatro años de lobby a favor de sus plazas bursátiles domésticas.

En el corto plazo, el cambio en los índices no será dramático. Para el 2018, el índice MSCI de Mercados Emergentes (“MSCI EM”) incluirá “A-Shares” de 222 compañías, que representarán sólo el 0.73% del total. Sumadas a las acciones chinas ya incluidas en el MSCI EM (que cotizan en Hong Kong y Nueva York), el peso de los mercados de China en el índice subirá a 29%. La intención de MSCI es incorporar poco a poco el resto de compañías listadas localmente en los próximos años. Si se incluyera el universo completo de 3,000 A-shares, el peso combinado de los distintos mercados de China subiría a 40% del MSCI EM.

La inclusión de este pequeño porcentaje de compañías chinas ha generado un intenso debate. El principal argumento a favor es el tamaño del mercado. Según el columnista del Financial Times, John Authers, China-A es el segundo mercado del mundo en capitalización bursátil, superando al de Japón. En contra juega la gobernanza corporativa. James Kynge advierte que los inversionistas encontrarán “un campo minado”, que incluye opacas estructuras accionarias que dificultan la determinación de control y escándalos de corrupción, entre otros. Los china bulls —inversionistas a favor de incluir este mercado— replican que este tipo de objeciones se han hecho en contra de muchos mercados emergentes como México, Taiwan y Corea, cuya gobernanza ha mejorado con el tiempo.

Existe una característica que distingue al caso chino del resto de emergentes, y que no tiene visos de cambio: la influencia desmedida del gobierno en las decisiones corporativas. El 69% de las 222 compañías que entrarán al MSCI EM son controladas por el Estado (conocidas como SOE o State-Owned Enterprises). En marzo, China Shenshua Energy, la compañía de carbón más grande del mundo, sorprendió al mercado con el anuncio de un dividendo extraordinario. La noticia generó el alza de acciones de otras SOE como China Mobile o Daqin Railway, debido a la especulación de que declararían dividendos extraordinarios también. Como es obvio, el uso del capital en una compañía de telecom —devorarlo— no se parece en nada al de una compañía de ferrocarriles, que se parece más a un utility. El alza de las SOE se debe a que el mercado asume que las políticas corporativas de estas empresas, desde fusiones y adquisiciones hasta el pago de dividendos, las decide el Partido Comunista (PC) y no el directorio de cada compañía.

Esto presenta dos problemas para el inversionista: el PC no se caracteriza por la transparencia y sus intereses no siempre están alineados con los del inversionista minoritario. El PC puede ordenar a sus bancos prestar para estimular la economía, fusionarse con otra compañía estatal para salvarla de la quiebra o dejar de invertir en proyectos necesarios porque el Estado necesita dividendos. Muchos aspectos del mercado local chino, tales como accesibilidad para inversionistas extranjeros, liquidez y transparencia de información, han venido mejorando en los últimos años. Pero resulta ingenuo pensar que el PC dejará de lado poderosos instrumentos de control e influencia global como las empresas estatales, en aras de mostrar al mundo una mejor gobernanza corporativa. La decisión de MSCI de incluir los A-Shares implica que la adivinación de las intenciones del Politburo será cada vez más importante para los inversionistas de mercados emergentes.

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