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Riesgo y retorno Por Alfonso Montero

Hace ocho meses, en un post titulado “Allez le VIX”, argumenté que el bajísimo nivel del Índice de Volatilidad del Chicago Board of Options Exchange, conocido como el “índice del miedo”, constituía un indicador de complacencia generalizada, y en ese entorno correspondía ser cauto. Desde entonces, las estrategias que ganan apostando a la tranquilidad del mercado, conocidas como short volatility, siguieron creciendo (lo que prueba, por si quedaba alguna duda, que en Wall Street este blog no ha tenido mucha acogida). Christopher Cole, fundador de Artemis Capital Management, afirma que existen más de dos trillones (americanos) ligados a estrategias short vol. El mercado apostó cantidades descomunales a que el indicador se mantendría indefinidamente en niveles muy bajos.

La estrategia fue exitosa hasta el 5 de febrero. La revelación de cifras de inflación en Estados Unidos, superiores a las esperadas, llevó al indicador a niveles cercanos a sus máximos históricos, generando pérdidas catastróficas a los fondos y productos invertidos en la estrategia.

Que el mercado bursátil de EEUU estaba sobrevalorado y era, por lo tanto, susceptible de sufrir un retroceso no fue una sorpresa. En enero Javier Gutierrez, jefe del equipo de Soluciones de Portafolio de Credicorp Capital, asignaba un rating de “muy baja convicción” a las acciones americanas debido a las altas valorizaciones. El mercado, al parecer, encontró en el alza de expectativas de inflación la excusa para la corrección. El retroceso no se limitó, sin embargo, a los mercados de Estados Unidos, sino que abarcó a todos los mercados, desarrollados y emergentes. Se cayó todo, la carne y el hueso. La función de mi equipo, hoy, es identificar la carne.

Los gallinazos sin dudas

Los role-models de inversión usuales para analistas y porfolio managers son nombres como Warren Buffett y Peter Lynch. En momentos de pánico, a mí me vienen a la mente los gallinazos que a veces caminan por las cornisas de nuestro edificio. Al igual que para ellos, la función de mi equipo es encontrar valor en aquello que el mercado está desechando. El miedo y la volatilidad generan brechas entre el precio y el valor fundamental. Por eso preferimos la volatilidad. Mientras mayor sea el miedo, mayores son nuestras posibilidades de encontrar valor.

Parece meridianamente claro, por ejemplo, que un alza de las expectativas de inflación en EEUU —la “excusa” que precipitó la caída de los mercados globales— tiene un impacto ínfimo en los resultados de un operador de centros comerciales de Buenos Aires. Lo mismo puede decirse de varias utilities argentinas, cuyo resultado depende del avance de la reforma energética que está llevando a cabo el gobierno. Sin embargo, la venta desatada por los datos de inflación en Estados Unidos —un factor irrelevante— generó un retroceso de 15% en el mercado argentino en pocos días. Si un inversionista pensaba en enero que las perspectivas de las empresas argentinas eran favorables, a mediados de febrero podía comprar esas mismas empresas con un descuento de 15%.

Una cosa es con guitarra…

Una cosa es identificar la oportunidad y otra muy distinta es aprovecharla. Comprar en medio de la turbulencia es como entrar al edificio en llamas. Ir en contra de lo que hace la mayoría va en contra de nuestros instintos. Requiere no quedarse paralizado preguntándose “¿y si el mercado cae más?”. Siempre es posible que el mercado caiga más. No hay ninguna garantía de que algoritmos fuera de control generen otra venta indiscriminada en las próximas semanas o meses. Tampoco es útil recurrir a los “expertos”. Las opiniones de los pronosticadores profesionales respecto a qué hará el mercado en periodos cortos (días o semanas) no valen el papel (o los píxeles) donde están escritas. Lo importante es tener la convicción de que el precio de compra está por debajo del valor fundamental del activo, y confiar en que, eventualmente, el precio se aproximará al valor.

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