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Riesgo y retorno Por Alfonso Montero

La acción de Tesla Motors (TSLA), compañía emblema de la industria de autos eléctricos, subió 10% el martes 8 de agosto. Temprano en la mañana, el Financial Times reportó que el fondo soberano de Arabia Saudí (Public Investment Fund of Saudi Arabia, o “PIF”) había invertido US$2 billones en la compañía. El resto del alza ocurrió luego de que, a las 12:48 pm, el CEO de la compañía, Elon Musk, encendiera Internet con este tweet:

Musk indica que está considerando deslistar Tesla del Nasdaq vía una oferta pública de adquisición a un precio de US$420 por acción. El debate se centra en la segunda oración: “el fondeo (de la operación) está asegurado”. Lo que presumiblemente quería decir Musk es que había convencido a suficientes inversionistas como para comprar las acciones de los inversionistas “retail” y de fondos mutuos a ese precio. Unos días después, Musk indicó que el PIF había mostrado interés en la transacción.

La comunicación de una operación de mercado de esta magnitud por Twitter es altamente irregular y ha generado una investigación del regulador del mercado de valores, el SEC, además de múltiples demandas. Al margen de la legalidad del tweet, ese día Musk se mostró victorioso en su batalla particular contra los “short sellers”. Los “short sellers” o “cortos” son inversionistas que piensan que una determinada acción va a bajar de precio en el futuro. Se dice que un inversionista “está corto” cuando se presta una acción con el objetivo de venderla (por decir, a US$100) y recomprarla más barata más adelante (a US$70). El inversionista entonces devuelve las acciones y se queda con el diferencial (US$30).

Desde el listado de Tesla en bolsa, Musk ha tenido una discusión pública con portfolio managers que han manifestado estar cortos la acción, como David Einhorn, de Greenlight Capital, o Jim Chanos, de Kynikos Associates. El 17 de junio, Musk tuitteó que los “cortos” tenían unas tres semanas antes de que su posición corta “estallara”, lo que dejó al mercado preguntándose qué es lo que venía. El deslistado sería la respuesta.

La pregunta, ahora, es si esta alza genera una oportunidad para “shortear” la acción. El riesgo de estar “corto” es que las acciones pueden subir, potencialmente, hasta el infinito, con lo cual el potencial de pérdida es ilimitado. En el caso particular de Tesla, el potencial de pérdida estaría acotado en US$420: el valor que Musk menciona en su tweet. Considerando un precio de negociación actual de US$360, el potencial de pérdida estaría acotado en $60 si se lleva a cabo la oferta pública de compra y deslistado. Si la transacción no ocurre, el potencial de ganancia para el corto parece mayor que US$60: la acción se desplomará y el SEC con seguridad iniciará un proceso sancionador por manipulación de mercado.

Show me the money, Elon

El quid del asunto es si Musk ha conseguido convencer a suficientes inversionistas (además de PIF) de pagarle los US$420. Según FactSet, el consenso de analistas espera que Tesla genere un ebitda de US$3.3 billones en el 2019. US$420 por acción implica un valor empresa de US$80 billones para Tesla. Musk necesita conseguir  inversionistas dispuestos a pagar +25x VE/ebitda proyectado por la compañía. La industria automotriz global transa a cinco veces promedio. Ganar plata desde un punto de entrada de 25x VE/ebitda no es sencillo, y menos aún que los inversionistas más sofisticados del mundo estén dispuestos a pagar esos precios.

El riesgo de ejecutar el corto es el track record de Musk. Visionarios como Steve Jobs, Henry Ford, John Rockefeller, entre otros, revolucionaron una industria. “Shortear” Tesla implica apostar contra un individuo que ya ha revolucionado tres: pagos por Internet (Paypal), lanzamiento de cohetes (SpaceX) y automotriz (Tesla). Esta diversidad no tiene precedentes. Musk consistentemente ejecuta lo que a todas luces es imposible. En el caso de Tesla, el fondo de Arabia Saudí podría estar interesado en la compañía como una cobertura ante un escenario de despegue de la industria de autos eléctricos, que impactaría en el precio del petróleo.

La situación de Tesla en este momento no es una inversión, sino una especulación. Desde el punto de vista de los “shorts”, se parece a un mano de póker en la que el contrincante sigue subiendo la apuesta a pesar de que la lógica dice que es imposible que tenga una buena mano. El problema de llamar el “bluff” es que, al otro lado de la mesa, está uno de los mejores jugadores del mundo.

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