AlfonsoMontero
Riesgo y retorno Por Alfonso Montero

En su libro El Ultimo Bluff, las periodistas Viktoria Dendrinou y Eleni Varvitsioti realizan un fascinante recuento del ‘detrás de cámaras’ de la negociaciones entre el gobierno griego de extrema izquierda de Syriza y sus principales acreedores (conocidos colectivamente como la ‘Troika’: FMI, Comisión Europea y el Banco Central Europeo) en el 2015. Este episodio, que estuvo a muy poco de desencadenar la expulsión de Grecia de la Unión Europea (UE), es relevante a pocas semanas de la posible salida del Reino Unido. Ambos países propusieron a la UE una estrategia de negociación similar, que resultó desastrosa para Grecia hace unos años, y el Reino Unido va encaminado en la misma dirección.

“¡No han leído los acuerdos!”

Hastiados 5 años de políticas de austeridad impuestas por la “Troika” como condición para acceder a un rescate financiero, en las elecciones de 2015 los griegos otorgaron una mayoría casi absoluta a Syriza. Pese a asumir un Estado prácticamente quebrado, Syriza ‘candidateó’ y ganó con la promesa de no solo terminar con la austeridad, sino de revertirla, incrementando el gasto social y subiendo el salario mínimo. Desde el arranque la estrategia de Syriza consistió en amenazar a la UE con el argumento de que, si no accedía a sus demandas, la salida de Grecia de la Unión provocaría un caos financiero en la Eurozona.

La reacción de los negociadores de la Troika no fue precisamente de temor, sino de sorpresa ante la absoluta falta de preparación de los representantes de Syriza. Según algunos testimonios, estos últimos no sólo no sabían identificar el rol e importancia de las instituciones claves en la negociación, sino que ni siquiera habían leído los acuerdos que pretendían renegociar. Esto les impidió darse cuenta de que,  tras años de programas de rescate en diversos países, para el 2015 la UE ya había desarrollado un plan detallado para lidiar con un “Grexit”, que incluía la provisión de ayuda humanitaria para el país. Figuras de peso como el Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schauble, abogaban activamente por salida de Grecia, a la que consideraba “irreformable”. Syriza no tuvo en ningún momento palanca de negociación.

Ante la negativa de los acreedores de ceder a sus demandas, en Julio de 2015 el Primer Ministro griego Alexis Tsipras convocó un referendum, donde la población rechazó el último paquete de austeridad propuesto por la Troika. El resultado fue el colapso inmediato del sistema financiero, la imposición de controles de capital, la ruptura de la cadena de pagos y la profundización de la crisis económica. El caos llevó a Syriza de vuelta a la mesa de negociación, donde se vio obligado a aceptar un paquete de medidas peores que las que acababa de rechazar. La “estrategia” del novato gobierno griego hubiera sido cómica si no fuera porque su incompetencia causó un daño innecesario a la sociedad, retrasando en varios años su recuperación económica.

Keep calm…

Como Grecia, el Reino Unido actual (en adelante, UK) cuenta con un primer ministro que se caracteriza por sus declaraciones altisonantes y escaso conocimiento de los detalles. Esto es, de paso, lo contrario de la reputación de su principal contraparte en estas negociaciones. Angela Merkel habla poco, pero conoce al derecho y al revés lo que sea que tiene que negociar. Al igual que Tsipras, el primer ministro británico Boris Johnson amenaza a la UE con el caos que generará una salida de UK sin un acuerdo. La vacuidad de tal amenaza está perfectamente capturada en la caricatura de Kevin “KAL” Kallaugher en The Economist, que muestra a un vociferante Johnson amenazando con lanzarse a un mar repleto de tiburones, mientras funcionarios de la UE lo miran extrañados. Resulta claro que el impacto económico afectará mayoritariamente al pueblo británico, como muestra este cuadro publicado en el Financial Times, basado en un estudio de la fundación Bertelsmann Stiftung.

Impacto del Brexit en la Unión Europea

Fuente: FT, Bertelsmann Stiftung

La posición de la UE ante el Brexit es similar que ante el Grexit: preferirían que no ocurra, pero no tienen incentivos para ceder. Un escenario de caos en UK, por lo demás, serviría para disuadir a los italianos, que también padecen un gobierno de populistas irresponsables que juegan con la idea de dejar la UE, posibilidad que ya ha sido bautizada como “Exitaly”. En estas circunstancias, la idea de que la UE flexibilizará los términos que ofreció a Theresa May por temor al Brexit debe ser descartada.

..and Carry on into the Abyss

Aquí terminan las similitudes. No es que hasta el momento no haya habido consecuencias para UK. El tipo de cambio sufrió una severa depreciación en las últimas semanas, y ya se encuentra en su punto más bajo desde el 2016. Los veraneantes británicos están descubriendo que su escapada a Málaga va a costar más pounds que el año pasado. Pero este tipo de inconveniencias no se compara con el pánico que vivieron los griegos ante la imposibilidad de acceder a sus ahorros, utilizar tarjetas de crédito o importar medicinas y alimentos. Antes del 31 de Octubre, fecha límite para cerrar un acuerdo, UK no vivirá un caos de magnitud capaz de cambiar la opinion pública de forma relevante. Johnson tiene, por lo tanto, cómo hacerle creer a la UE que es capaz de todo, incluyendo no sólo enrumbar al país a una recesión, sino precipitar el fin del Reino Unido, dada la alta probabilidad de que Escocia, y quizá también Irlanda del Norte, decidan separarse. Los conservadores británicos, como Syriza, parecen no haberse dado cuenta de que el otro lado está dispuesto a permitirles inflingirse todo el daño que quieran. El impacto del Brexit no será insignificante, pero no será la catástrofe para Europa, y mucho menos para el resto del mundo, que el gobierno británico quiere vender.