FernandoGil
Transformando Talento Por Fernando Gil

Creatividad e innovación son conceptos muy relacionados pero no son lo mismo. La creatividad se manifiesta cuando a alguien se le ocurre algo. Es una acción que requiere sólo de una persona, la que genera la idea. El proceso es el siguiente: individuo – creatividad – idea.

Por otro lado, la innovación exige que la idea creativa pase a la ejecución y, en el ámbito organizacional, la ejecución requiere de la participación de un equipo por lo que la innovación es una actividad colectiva. Aquí el proceso es Innovación – equipo – ejecución.

El paso previo a la innovación es la creación de una idea que se potencia y se perfecciona a través del trabajo en equipo y la interacción que en él se genera, pero finalmente la idea se le ocurre a una persona y el resto del equipo aporta alrededor de ella.

Hace poco leí un artículo escrito por Eduardo Remolins, especialista en tecnología y gestión de la innovación. En él, Remolins hace una distinción entre los innovadores y los adaptadores, características resaltadas en el test de preferencias personales Myers Briggs como la letra S y la I.

Podemos tipificar con la letra S (del inglés sensitive) a los adaptadores, que son las personas que prefieren el uso de los sentidos y son mucho más concretos y aterrizados, que van modificando lo que ven poco a poco. Son proclives a la mejora continua, transforman a partir de la observación y la experimentación. Los adaptadores son menos arriesgados a la hora de resolver un problema y suelen ser mucho más efectivos en su accionar diario.

Las personas tipificadas con la letra I, los innovadores, son las que a la hora de resolver un problema desafían todo lo que se ha hecho hasta el momento. Buscan nuevas maneras de hacer las cosas, perspectivas no estudiadas y están enfocados a cambiar las reglas, los paradigmas y las creencias que están detrás del problema. Tienen pensamiento lateral. Lo cuestionan todo. No les preocupa tanto la practicidad de sus ideas como que realmente se cambie la manera de pensar y de ver el mundo. Los primeros prefieren los cambios adaptativos, trabajan en conductas y hábitos. Los segundos prefieren la transformación, también llamada cambio transformacional y cuestionan el conjunto de creencias y paradigmas vigentes.

Si una empresa quiere trabajar en innovación, necesita identificar a su talento innovador. Es preciso definir el conjunto de competencias de este perfil ya que se suele confundir personas de alto desempeño con personas innovadoras. Las primeras son las que hacen muy bien su trabajo, pero no cuestionan lo que se les pide hacer ni las formas de hacerlo. Sólo buscan dar más de lo que se les ha pedido.

El talento innovador es aquél al que uno le reconoce capacidades superiores y que no dudaría en promoverlo al siguiente nivel de responsabilidad. Es la persona participativa, activa, que cuestiona el estado de las cosas, que aporta con propuestas de mejora y es capaz de llevar a la acción lo que propone y convertirlo en resultados. El compromiso es con el resultado y no con la tarea. De estos talentosos los hay innovadores que buscan la transformación cuestionando los paradigmas y las creencias.

También los hay de los adaptadores, que generan cambios y están comprometidos con la mejora continua. Para conformar al equipo responsable de la innovación organizacional, requerimos de ambos perfiles: innovadores y adaptadores.

El primer paso para la innovación es la transformación de la cultura desde los altos niveles decisionales. El segundo es la identificación del talento innovador. El tercero es darle el empoderamiento para que puedan ejecutar sus propuestas y las conviertan en resultados en beneficio de la empresa, de la sociedad y de ellos mismos. Lo que resta es la “ley de la cosecha”.