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Transformando Talento Por Fernando Gil

Imagínate a tu hijo de cinco años recibiendo unas clases teóricas, con pizarra y plumón, de cómo funciona el cuerpo y cómo se mueven los brazos, las piernas, la cabeza, cómo se respira, etc. Luego de intensas horas de clases teóricas el profesor te llama y te da la indicación de llevar y meter a tu hijo a la piscina olímpica. ¿Cuáles serían sus sensaciones? ¿Crees que tu hijo está listo para nadar?  ¿Crees que ésa es la mejor manera de enseñar a un hijo ese deporte?

Nadar es una habilidad que se aprende con la práctica. No digo que no se puedan impartir algunas ‘clases’ sobre cómo funciona el cuerpo y cómo se nada. Probablemente el profesor pasaría algunos videos al respecto o llevaría a los alumnos a la piscina para que vean cómo los atletas nadan, respiran y mueven su cuerpo. Sin embargo, nada de esto se compara con la práctica misma del deporte. Es allí donde se aprende realmente. El profesor, como experto, observará al alumno y lo retroalimentará hasta que éste incorpore (in-corp, hacer parte del cuerpo) las mejores maneras de respirar, moverse, patalear, articular sus brazos, esto es, nadar.

La clave de este proceso está justamente en el aprender. ¿Qué es aprender? Es el proceso a partir del cual somos capaces de adquirir conocimientos y habilidades, y de modificarlas.

Steven Covey, autor de varios best sellers como Los 7 hábitos de la persona altamente efectiva dice: “Si dices haber aprendido y sigues haciendo las mismas cosas, entonces no has aprendido”. Esta frase nos pone de manifiesto que gran parte del aprendizaje tiene que ver con el cuerpo. Es fundamental tener el conocimiento, pero el conocimiento no es suficiente para que se dé el aprendizaje.

Existe la creencia en varios actores del sector educación de que el conocimiento lo es todo. Covey se opondría.

El coaching es como la natación: es una habilidad. Por lo tanto se desarrolla con la práctica. Los programas de formación en coaching más efectivos son aquellos que le dan mucho énfasis al desarrollo de la habilidad y, por lo tanto, requieren y promueven mucho su componente práctico. Más aún, los colegios profesionales de coaching más exitosos como la ICI de Alemania, la ICF de EEUU, entre otras, reconocen que los mejores coaches son aquellos que muestran su capacidad en la práctica. Para recibir una acreditación del nivel más básico, estos gremios exigen alrededor de cien horas de práctica. La de nivel intermedio, 750 horas de práctica. Y la del más alto nivel, 2,500 horas de práctica.

Las escuelas formadoras de coaches más prestigiosas, aliadas con gremios certificadores internacionales, enfatizan en la formación eminentemente práctica de sus coaches. Reconocen que el coaching es una habilidad por encima de todo, que se desarrolla en la práctica y que incorporar conocimientos básicos es complementario.  Los mejores coaches son aquellos que han recibido una formación con énfasis en la práctica. Los mejores formadores de coaches son aquellos que tienen no sólo una gran experiencia como coaches en la práctica (ya sea en coaching de vida, de equipos y ejecutivo), sino que además tienen muchos años de experiencia formando coaches y han desarrollado metodologías de aprendizaje centradas en el alumno. Ser efectivo formando coaches también se desarrolla en la práctica.