FernandoGil
Transformando Talento Por Fernando Gil

Muchas personas que vienen a mi consulta comparten no estar felices con lo que hacen. Más preocupación les da aún el no saber que quieren hacer con sus vidas, no saben para que han venido a este mundo, cuál podría ser su sentido de contribución, su legado.

Muchas de ellas, vienen de experiencias reales o percibidas traumáticas. Algunos han re-interpretado su vida de manera inconsciente, exagerando ciertos hechos entrando en un patrón de víctimas, culpando a otros (en muchos casos a sus padres) y quejándose de la vida, de su pasado, de sus circunstancias actuales, de lo “fallados” que fueron creados y criados.

Algunos se refugian en algún tipo de adicción (juego, alcohol, sexo, trabajo, la religión, las redes sociales, causas sociales/políticas, deporte, sectas, meditación, vegetarianismo, política, etc.) o sufren de depresión o alguna expresión psicológica que los lleva a conductas hasta  cierto punto inadecuadas para la cultura, para construir relaciones interpersonales efectivas, en su romance, en el trabajo, etc.

La industria farmacéutica está repleta de soluciones fallidas o placebos para estas expresiones emocionales, algunos incluso enferman y para ello la industria médica tiene aparentes soluciones, muchas de ellas fallidas  que hacen daño y no mejoran.

En las conversaciones que se desprenden de estas situaciones se perciben tres manifestaciones emocionales muy concretas : las personas viven en el odio, en el miedo y/o en el dolor; como dije anteriormente, muchas veces contra los padres.

Existe una diferencia entre el sanar y el curar. Se cura el cuerpo, se sana el ser (¿el alma?). Hay personas que sufren de una enfermedad y a veces la medicina convencional los cura…pero no los sana, al poco tiempo recaen en la misma enfermedad o les surge otra, el cuerpo ya no se puede curar justamente porque la persona no ha sanado  y otras el cuerpo está tan deteriorado que ya no puede sanar y la persona fallece pero sana, trascendiendo la información de su campo cuántico (porque la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma) hay otras en las que el cuerpo se cura porque el ser humano ha sanado y otras en las que no se enferma nunca por estar viviendo en un estado de conciencia de plenitud (que significa tener problemas pero observarlos como oportunidades de aprendizaje).

Un primer ejercicio para trabajar en el sentido de propósito es escribir 100 agradecimientos a las personas que uno está culpando por esas emociones de odio, miedo, tristeza, asco u dolor, cuando uno llega al agradecimiento 25, ya no sabe qué más agradecer, en ese momento, empezamos a agradecer por todo lo “malo” pero con una perspectiva de aprendizaje. Por ejemplo: “gracias por haberme abandonado porque eso ha fortalecido mi carácter y me ha enseñado a valerme por mí mismo” esta última parte del ejercicio le permite a uno cambiar sustancialmente la percepción sobre la vida.

Un segundo ejercicio, es un análisis interno: identificar todas las fortalezas y las debilidades personales (habilidades o defectos personales y sociales, capacidades o incapacidades técnicas y mentales, maneras de ser que construyen o para sobrevivir, etc.). Hacer una lista de esto es fundamental.

El tercer ejercicio es hacer una lista de las necesidades humanas que están allá “afuera” y que nos conmueven, que inspiran nuestros más profundos sentimientos. Esas necesidades pueden ser de protección a la naturaleza, de generar reflexión y conexión a través de la pintura, el canto, el teatro, el cine como formas de expresión de lo que “no se dice fácilmente”…la creación de empleo desde el emprendimiento, la creación de productos innovadores que resuelvan pendientes, salvar/sanar/curar vidas, acompañar a otros, dirigir éticamente la política, enseñar, defender la injusticia, trasladar personas para que se encuentren con sus seres queridos, producir bienes y servicios, construir sueños, etc. Uno es sensible a ciertas necesidades y no a otras. Es importante estar atento a ello.

El cuarto ejercicio es identificar qué es aquello que nos mueve el corazón. ¿Cuáles son nuestras pasiones, lo que más nos gusta, lo que disfrutamos? También, cuáles creemos que son nuestros talentos.

El último paso es asociar nuestros talentos y pasiones con las necesidades humanas que creemos que deberían resolverse.

Defino vocación como la conjunción de nuestros más grandes talentos con lo que más nos apasiona de la vida para responder a las necesidades humanas que más nos conmueven. El siguiente paso es movernos a la acción.

Nos dicen: si tienes miedo….hazlo con miedo.

¡Lázaro, levántate y anda!