AlbertoArispe
Viva la Bolsa Por Alberto Arispe

Estamos 17 de marzo del 2016.  Faltan 24 días para las elecciones presidenciales en el Perú.  Los cinco candidatos que lideran la intención de voto son Fujimori (32%), Kuczynski (14%), Barnechea (9%), Mendoza (9%) y García (5%). Parece difícil que alguno de ellos gane en primera vuelta. Lo más seguro es que dos de ellos pasen a segunda vuelta.

Nada está definido.  En 2011, 24 días antes de las elecciones, Toledo lideraba la encuestas con 25% y el 10 de abril obtuvo 15%.  En esa misma elección, 24 días antes de las elecciones, Humala tenía 15% de intención de voto en las encuestas y el 10 de abril logró 31% de los votos.  Todo puede cambiar en 24 días.

La BVL sigue cuesta arriba en 2016.  En lo que va del año el Indice General ha subido 14% en dólares.  El resultado de las elecciones de abril no preocupa al mercado. El mercado descuenta que ganará un candidato amigable al mercado (PPK, García, Fujimori, Barnechea, en ese orden de “friendliness” al mercado.  Por ahora el mercado descarta que gane Mendoza, candidata no amigable al mercado (puede ser un error).

Pero, ustedes dirán, ¿qué es ser amigable al mercado?  Aquí les daré  ejemplos de lo que es ser no amigable al mercado.  Y no amigable al mercado es peligroso por una sencilla razón. A los inversionistas les gusta invertir en países conducidos por gobiernos y personas que creen en el libre mercado. Si el Perú es liderado por una persona que no promueve el libre mercado, muchos inversionistas preferirán invertir en otros lugares. Justo o injusto, es así. Existen buenas razones para ello. Y menor inversión se traduce en menor crecimiento, menor empleo, mayor pobreza, entre otros problemas.  La Bolsa de Valores es un termómetro de ese riesgo.

Un candidato por ejemplo ha indicado que pondrá límites a las tasas de interés que cobran los bancos a sus clientes.  Eso no es amigable al mercado. Un banco capta el dinero del público y tiene el compromiso de devolver ese dinero más un interés.  Por ello, los bancos tienen que cuidar el dinero de los demás. El banco tiene el mayor interés de prestar ese dinero a terceros a una tasa de interés más elevada para hacer una ganancia, siempre y cuando tenga libertad de escoger a quien le presta ese dinero y tenga la libertad de escoger a que tasa de interés va a prestar ese dinero.  Estas dos variables son importantes pues la tasa de interés que cobra un banco por un préstamo está en proporción directa con el riesgo implícito en esa transacción.

Por ello, si el gobierno va a decir, “señor banco, usted no puede prestar a esa tasa de interés, usted tiene que prestar a una tasa de interés menor”, el banco no va prestar ese dinero.  El crédito se va a restringir. El banco ganará menos dinero y las personas tendrán menos acceso al crédito. Todos pierden.

Obligar a una persona o a una institución a que preste dinero a una tasa de interés menor a la que esta persona o institución quiere prestar significa ir contra el mercado y perjudica a todos. Así de fácil.  Y el mercado de préstamos personales de la banca no es un oligopolio, hay competencia entre más de 12 bancos y otras instituciones financieras.

Otra candidata ha señalado abiertamente que durante su gobierno, el Banco Central de Reserva (BCR) bajará las tasas de interés para fomentar el crecimiento de la economía. El BCR es una entidad autónoma al gobierno central encargado de controlar la inflación en el país.  El gobierno no puede decir al BCR lo que tiene que hacer. Ello haría que el BCR se maneje con fines políticos. Pues esta candidata ha dicho que si bien el BCR es autónomo, ella nombrará a un presidente del BCR que tenga pensamientos afines a los de ella y que por eso bajará las tasas. ¡Plop! Lo que justamente necesitamos es a un presidente del BCR que NO sea afín al gobierno, para que el BCR sea independiente. Toledo, García y Humala lo entendieron así. Esta señora no lo entiende.

Que el gobierno influya o dictamine la política monetaria del BCR es un hecho poco amigable al mercado. El gobierno debe dejar que las instituciones se manejen independientemente/libremente.  Intervenir en decisiones del BCR es peligroso, riesgoso e innecesario. Todos pierden.

La mayoría de candidatos señalan que elevarán el sueldo mínimo. Cualquier persona que haya estudiado el curso de introducción a la economía sabe que los salarios son bajos, no porque el empresario desea explotar a las masas y llevarse toda la riqueza a su bolsillo malamente, sino porque hay demasiada oferta por un puesto de trabajo, y cuando hay demasiada oferta los precios son bajos.

Para que los sueldos suban, debe haber más demanda por empleo (más empresas) para que esta mayor demanda absorba esa gran oferta. Es la única manera de que el nivel de empleo y el nivel de remuneraciones suban.

Sin embargo, si el gobierno pone un salario mínimo superior al salario de mercado, lo único que hace es provocar que algunas empresas que contrataban trabajadores al salario de mercado, ya no lo hagan, pues el salario mínimo es un salario más elevado de lo que el mercado determina.  Eso lo único que logra es mayor desempleo formal. Pierde la empresa que desea contratar trabajadores al salario de mercado y pierde el trabajador que está dispuesto a trabajar a ese salario. Al imponerse salarios mínimos, muchas personas se quedan sin trabajo. Todos pierden, especialmente en un país donde el 70% de la población no tiene empleo formal.

Renegociar contratos es otra propuesta de moda. Siempre ha sido el caballito de batalla de los políticos.  Desde la famosa Página 11 del primer gobierno de Belaúnde, hasta la renegociación de los contratos petroleros con Occidental Petroleum y Belco Petroleum en 1985, hasta hoy, donde se propone renegociar los contratos de gas. La mayoría de personas aprueba que el Perú renegocie contratos con las empresas privadas.

Yo pregunto a usted, estimado lector. Si usted hace un trato conmigo y yo prometo pagarle US$2,000 al mes por sus servicios por 1 año, como le caería si después de un tiempo yo le digo, “renegociemos, ya no le voy a pagar US$ 2,000 al mes, de ahora en  adelante le voy a pagar US$1,000 al mes”. ¿Le parecería bien que yo le cambie las reglas del juego? Quizás usted ha tomado una serie de decisiones que giran alrededor de los US$2,000 al mes y si cambiamos esto, usted se verá afectado negativamente. ¿Usted prefiere hacer negocios con alguien serio que respeta su palabra o con alguien bananero que busca renegociar y cambiar las reglas de juego cada  cierto tiempo?

Los inversionistas, igual que usted, prefieren hacer negocios con países serios, que firman contratos serios. Ello asegura la viabilidad de los negocios. Se deben respetar los contratos porque eso genera confianza, estabilidad, más negocios, más inversión. Tan fácil como eso.

Renegociar significa ir contra el mercado pues se está interviniendo en un mercado ya establecido por contratos firmados entre las partes. Es interesante ver que la mayoría de personas están de acuerdo que el Perú renegocie contratos con las empresas privadas, pero se oponen tajantemente a que las empresas privadas renegocien contratos con ellos como trabajadores. Irónico.

Todos los candidatos hablan y hablan sobre todo lo que van a hacer cuando sean gobierno.  Sin embargo, muy pocos o ninguno, señala de donde va a sacar el dinero para sostener todos estos proyectos. El Estado vive de los impuestos pagados por las empresas privadas y los trabajadores formales. Las políticas anti-mercado, provocan que haya menos empresas, que haya menos inversión y que haya menos trabajadores formales. Por tanto las políticas anti mercado provocan que se paguen menos impuestos y que el Estado tenga menos dinero para pagar planillas, programas sociales, educación, salud, seguridad ciudadana e inversiones en infraestructura.

Todo en la vida tiene un costo y un beneficio y lanzar propuestas anti mercado puede tener un rédito político de corto plazo (popularidad y quizás crecimiento efímero), pero tienen un gran costo de largo plazo (menor crecimiento, mayor pobreza, y si se exagera, quiebra del país). Ya lo hemos vivido en el Perú en 1985-1990, Venezuela lo vive hoy, entre otros.

El señor Humala ha tenido un gobierno aceptable porque cambió su discurso y propuestas, intervino menos en los mercados, mantuvo la independencia del BCR, respetó los contratos existentes (aunque subió impuestos a la minería, lo cual fue un error), entre otros.  Pero si Humala hubiese sido amigable al mercado desde el inicio, el país hubiese crecido mucho más y habría menos pobreza. Simplemente por el discurso anti-mercado de Humala durante la primera mitad del 2011, el PBI dejó de crecer 2 puntos porcentuales en 2011-2012.  Se dejaron de crear empleos y la pobreza pudo haber disminuido mucho más.

Sin embargo, acá viene la paradoja.  ¿Hubiese ganado las elecciones Humala con un discurso amigable al mercado?  No lo creo. A la población le gusta el discurso anti mercado. Lo malo es que ese mismo discurso, los hace más pobres en el corto y el largo plazo. Ironías de la vida.