AlbertoArispe
Viva la Bolsa Por Alberto Arispe

Ollanta Humala cumple en unos días cinco años como presidente del Perú. El jefe de Estado culmina así su gobierno. Basaré mi análisis sobre su gestión en los siguientes parámetros de referencia, comparando sus resultados con los resultados de gobiernos anteriores:

  • Crecimiento económico y disminución de la pobreza durante los cinco años de gobierno.
  • Mejoramiento de indicadores sociales, claves para elevar la calidad de vida de los peruanos (educación, salud, otros).
  • Implementación de políticas económicas y sociales sostenibles de largo plazo.
  • Percepción de felicidad de los peruanos en base a seguridad ciudadana, confianza en las instituciones (Poder Judicial, Policía Nacional) y otros factores, como tranquilidad pública, corrupción del Estado, respeto al prójimo, entre otros).
  • Costo de oportunidad (que se pudo haber hecho).

Durante 2001-2006, el PBI creció en promedio 5.7% anual.  En 2006-2011, el PBI aumentó 6.7% promedio anual.  Durante el gobierno de Humala, el PBI se elevó 4.4% anual (hasta el cierre del 2015).  Con Humala el Perú creció menos que con Toledo y García.  Menor crecimiento va de la mano de menor inversión, menor creación de empleo y menor reducción de pobreza.

En cuanto a la disminución de pobreza, entre 2001-2006, el nivel de pobreza bajó de 54% a 49%.  Es cierto que la metodología cambió en el 2003, pero tomaremos estas cifras como proxy.   Entre 2006- 2011, la pobreza bajó de 49% a 28%, mientras en el gobierno de Humala ésta decreció de 28% a 22%.  En lo referente a disminución de pobreza, el gobierno de García fue mejor que el de Humala y el de Humala mejor que el de Toledo.

B1

El ministro Segura diría: “pero García tuvo suerte y gozó de mejores términos de intercambio y mejor entorno global”.  Estoy de acuerdo, pero si uno tiene mala suerte de tener un entorno global menos favorable, uno debe adaptarse y buscar alternativas, como ser más amigable a la inversión.  Si los precios de los metales bajan, pues yo me vuelvo más amigable a las empresas mineras; les doy incentivos, les facilito los trámites, les hago quecos.  Pero, si me mantengo igual que antes, obviamente, las inversiones disminuirán.  Y eso es justamente lo que ocurrió.

En cuanto a indicadores sociales, he escogido cinco ratios que recogen el desempeño del país en cuanto a educación, acceso a servicios básicos y salud:

  • Gasto en educación / PBI
  • Evaluación censal de estudiantes
  • Acceso a red pública de agua
  • Subempleo / PEA ocupada y Desempleo/PEA total
  • Personas con seguro de salud (privado o público)

La educación es clave para tener personas más productivas y trabajadores más calificados, que agregan más valor a la economía. Por ello es muy importante que un país destine buena parte de sus recursos a la educación de su población. A inicios del gobierno de García, el gasto en educación representó el 2.6% del PBI, y terminó en 3% en el 2011, una mejora de 40 puntos básicos. Humala, por su parte, logró incrementar este ratio hasta 3.6%, y mejoró 60 puntos básicos.

No obstante, no solamente es importante cuánto se gaste en educación, sino que ese mayor gasto mejore su cantidad y calidad. A partir del 2007, el Ministerio de Educación (Minedu) realiza la Evaluación Censal de Estudiantes, en la que se evalúa el desempeño del alumno en comprensión lectora y matemática. En el 2007 sólo 15.9% y 7.2% de los alumnos tuvieron una calificación satisfactoria en las evaluaciones de lectura y matemática, respectivamente. Al 2011 estos resultados se incrementaron a 29.8% y 13.2%, y mostraron mejoras de 13.9% y 6% durante el gobierno de García. Los mismos resultados satisfactorios aumentaron a 49.8% y 26.6% en lectura y matemática al cierre de 2015. Ello denota una significativa mejora de 20.0% y 13.4% durante el gobierno de turno. En educación Humala tuvo una buena gestión.

El acceso a servicios básicos (agua potable, por ejemplo) es otro punto importante a considerar para el bienestar social de la población. Durante el gobierno de García, el acceso a la red pública de agua se incrementó de 72.1% a 77.3%, un aumento de 5.2%. Por otro lado, el gobierno de Humala incrementó la cifra hasta 87.9%, un aumento de 10.6%. Nuevamente la gestión de Humala es buena.

B2

El subempleo es otro problema típico de un país emergente, causado por el alto nivel de informalidad.  Lima concentra la mayor parte del mercado laboral del país. El gobierno de García comenzó con un ratio subempleo/PEA ocupada (siendo PEA ocupada = subempleo + empleo adecuado (formal)) en Lima de 56.6%.  Al término de la administración aprista, el ratio se redujo a 42.4%.  El gobierno de Humala, por su parte, también redujo el ratio, y llegó en el 2015 a 35.1%. Cabe destacar que durante los últimos 15 años el desempleo se ha mantenido entre 7% y 8%, por tanto menos subempleo significa más empleo adecuado.  En generación de empleos adecuados, Humala mejoró menos que García, pero estuvo bien, y el menor crecimiento económico le impidió superarlo.

Ligado al problema de la informalidad, también está el acceso a servicios de salud. En el 2006, el 38.3% de la población contaba con algún tipo de seguro de salud (estatal o privado). Para el 2011, el ratio había subido a 64.5%. El gobierno de Humala deja el ratio al 2015 en 73.3%.  Humala nuevamente no puede superar a García.

Ahora, no sólo es importante crecer el PBI, incrementar el nivel de empleo, reducir la pobreza y elevar la calidad de vida de los ciudadanos. También es muy importante hacerlo implementando políticas sostenibles en el largo plazo. De nada me sirve dar impulsos fiscales/monetarios que incrementarán el nivel de actividad económica en el corto plazo, para luego gracias a déficits fiscales o burbujas monetarias/financieras tener crisis económicas que traigan abajo todo lo logrado.  La responsabilidad es vital para medir a los gobiernos de turno.

En este tema, Humala recibió el gobierno con un superávit fiscal equivalente a 2% del PBI y lo deja con un déficit fiscal equivalente a 2.5% del PBI. Nos deja en el límite. En 3% clasificadores de riesgo e inversionistas comienzan a poner en peligro el rating crediticio del país, y eso no es positivo.  Asimismo, las reservas netas han subido de US$47.7 bn en el 2011 a US$60.7 bn en julio del 2016 y como proporción al PBI de 28% a 32%. Lamentablemente en los últimos tres años han salido más dólares de los que han entrado al país. En cuanto a inflación, estamos ligeramente encima del 3% anual, con tendencia a la baja.

Sobre percepción de felicidad,  el deterioro de la imagen de instituciones como el Poder Judicial, la Policía Nacional del Perú, el Ministerio Público, el Congreso de la República y el Poder Ejecutivo no ha mejorado respecto a los gobiernos anteriores.  Humala ha cerrado su gobierno con un nivel de aprobación de 25%, menor que lo experimentado por García (42%) y Toledo (33%).  La popularidad de las instituciones mencionadas también continúa deteriorada. La confianza en la policía cierra el gobierno de Humala en 38.5%, ligeramente por debajo del 39% del gobierno de Toledo, pero por encima del 24.0% del gobierno de García. Asimismo, la inseguridad ciudadana se ha convertido en el problema principal que percibe el peruano. En el 2006, el 11% de la población consideraba a la inseguridad como problema principal del país, al 2014 la cifra se ha elevado a 47%.

Finalmente, vamos al costo de oportunidad. Humala pudo haber hecho un mucho mejor gobierno, si hubiese sido  más amigable con el mercado.  No estoy pidiendo que venda empresas públicas como ElectroPerú, Sedapal, o que haga una reforma laboral liberal.  Eso es muy difícil políticamente.  Estoy pidiendo que crea en el hecho de que la empresa privada es la llamada a crear empleo masivamente. Todo gobierno debe echar alfombra roja a las empresas para atraer inversión respetando las reglas del juego, pero buscando convencer al mercado de que el Perú es un país serio, en crecimiento y que respeta los contratos vigentes.

Pero Humala se dedicó durante años (2005-2011) a hablar de la Gran Transformación, asustando a los inversionistas,  y luego, a pesar de seguir la hoja de ruta (2011-2016), nunca pudo ganarse la confianza plena del mercado, debido a sus constantes metidas de pata en temas como la posible compra del Estado de refinería La Pampilla, la posible ley contra la concentración de medios, la ley de control de la comida chatarra, la creación de Sunedu, el incremento de impuestos a la minería (¿dónde están las mal llamadas sobreganancias hoy?), la sobrerregulación, la estabilidad laboral prácticamente absoluta, entre muchos otros temas.

También tuvo aciertos, como la reducción del impuesto a la renta de las empresas de 30% a 28%, el respeto a los contratos marco y el apoyo a megaproyectos privados (Las Bambas, Toromocho, Metro de Lima, entre otros) y la famosa Ley Pulpín, pero sus errores impidieron que el mercado tuviese la confianza que se necesitaba en el gobierno, para elevar la inversión privada, incrementar el crecimiento y reducir más la pobreza.  Y el entorno internacional tampoco ayudó.

Es verdad que durante estos últimos cinco años el Perú creció más que Chile, Colombia y demás países de América del Sur, pero también es verdad que durante 2001-2011 también lo hizo.  Creo que con un gobierno que brindara más confianza, el PBI habría crecido 1% más cada año.

En conclusión, Humala fue un presidente regular.  No siguió las políticas chavistas que pretendía implementar en el 2006.  No aplicó la Gran Transformación en el 2011. No quebró al país.  No fue un desastre.  Por lejos fue mejor gobierno que el primer gobierno de García o el segundo gobierno de Belaunde, que sí fueron un desastre.

Dentro de lo bueno, el gobierno de Humala mejoró varios indicadores sociales importantes en temas de educación, servicios básicos, salud e implementó programas sociales respetados mundialmente para aliviar la extrema pobreza.  El país creció a tasas similares a nuestro potencial (4% al año), se creó empleo, se respetaron los contratos marco con el sector privado, mejoramos el rating crediticio de las clasificadoras de riesgo globales, se disminuyó la pobreza y se entrega un país en democracia y sin grandes desequilibrios macro (déficit fiscal subiendo, pero no grave, inflación baja, reservas ok).  Hemos avanzado.

Pero no fue un buen gobierno.  Humala recibió un país que crecía a tasas superiores al 6% al año.  Un país con ratios macroeconómicos espectaculares.  Una economía que gozaba de la confianza de los inversionistas y en la cual la pobreza disminuía rápidamente. Si su gobierno no hubiese perdido la confianza de los inversionistas, habría hecho mejor papel, y ése, estimados lectores, es responsabilidad total del señor presidente. Un país como el Perú, con todavía altos niveles de pobreza, no se puede dar lujos como el de hablar de grandes transformaciones o lujos como hablar de “cambiar el modelo neoliberal”.  El sólo mencionar esto, guste o no, asusta a la inversión privada, y los perjudicados siempre son los más pobres.

Es cierto que Humala no pudo hacer nada contra el menor crecimiento global, la caída del precio de los metales, el tapering en Estados Unidos, el brexit y el surgimiento del terrorismo del Estado Islámico. Pero es cierto también que no supo darse cuenta de esto y no supo cómo atraer mayor inversión para mantener el crecimiento sobre al menos 4% al año durante 2014-2015, sin entrar en desequilibrios macro.

Por todo ello, yo calificaría al gobierno de Humala como regular y le pondría un 13/20, y le daría el beneficio de la duda en temas de corrupción, pues no se le ha probado nada. Trece no es una buena nota, y por ello no me voy contento con el gobierno que se va. En agosto del 2011 escribí un artículo en el que señalé que por sus currículos, su discurso y sus creencias, era difícil que el gobierno de Humala fuera a ser un gobierno bueno.  Tuve razón, a pesar que fue mejor de lo que yo esperaba.

Esperemos que el gobierno de PPK sea mejor y que la pobreza disminuya más.  Y que cierre en al menos 15, ¡que ya sería una buena nota!