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Viva la Bolsa Por Alberto Arispe

Donald Trump es el protagonista de estas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Desde hace diez meses cuando empezaron las primarias republicanas, la población se ha dividido entre los pro-Trump y los anti-Trump.

Ayer fueron las elecciones presidenciales. Hillary Clinton era la favorita de Wall Street, de los intelectuales, de los liberales, de los progresistas y de todos aquellos que se jactan de autodenominarse “personas cultas y con cierto nivel de educación”.  Votar por Trump era algo impensable para este grupo de personas, para la élite de Estados Unidos, y también para la élite del mundo occidental.

Trump no ayudó obviamente. Buscó polarizar la contienda y lo logró. Tuvo cuatro objetivos: 1) atacar la inmigración ilegal, 2) atacar los tratados de libre comercio, 3) atacar al establishment y 4) revivir el nacionalismo para combatir al terrorismo fundamentalista islámico. Con ello quiso alcanzar el voto del trabajador blanco de clase económica social media, media baja y baja.

Atacó la inmigración ilegal porque viola la ley (es un hecho), no paga impuestos (es informal) y porque al ser mano de obra más barata perjudica a los trabajadores americanos no calificados, que tienen que competir con estas personas. También fustigó a las empresas que cierran fábricas en Estados Unidos para abrirlas en otros países por temas de competitividad. Para los dos temas anteriores usó a México y China como chivos expiatorios, y tuvo un discurso simple pero efectivo, para convencer a las masas estadounidenses de que el actual gobierno no los está “protegiendo”. A eso sumamos lo conveniente que siempre resulta culpar al gobierno de todo, principalmente cuando hay inseguridad ciudadana y terrorismo.

Las personas de clases socioeconómicas media, media baja y baja tienden a ser más pasionales, menos analíticas y menos liberales que los ciudadanos de clases socioeconómicas media altas y altas. Buscan protección del Estado y de las empresas. Buscan culpables a su relativamente bajo nivel económico, educativo y hasta cultural.

Trump explotó esto, y de qué manera. Recuperó estados claves como Pensilvania, Florida, Ohio y Iowa, que en el 2008 y el 2012 habían votado demócrata. Nueva York, Illinois, California, Massachussetts no pudieron contra el midwest americano. Los swing states fueron para los republicanos en Presidencia, en Senado y en Cámara de Representantes.

En los dos días anteriores a las elecciones, el mercado daba 90% de probabilidad de que Clinton ganase las elecciones. Con base en esto, el índice S&P subió 1%, los mercados emergentes lo hicieron en 1.7%, el peso mexicano se apreció en 2% y el oro bajó 0.8%. El mercado estaba tranquilo. El VIX, índice que mide la volatilidad del mercado, subió 0.2%. Esto indicaba claramente que el mercado descontaba una victoria de Clinton, y que ello era bueno para los activos riesgosos, era bueno para México y los mercados emergentes, y era malo para el oro, que se beneficia de la incertidumbre y del riesgo. Clinton es claramente más predecible que Donald Trump y sus políticas, aunque también proteccionistas, por lo menos son algo que el mercado conocía y podía tolerar. Había tranquilidad en Wall Street. No alegría, pero tranquilidad.

Pero el martes, a las 8 p.m., cuando empezamos a ver CNN, Bloomberg, el New York Times, Fox, entre otros, vimos cómo la votación por Trump era mayor que la esperada en varios estados. Hacia las 10 p.m., Trump superaba a Clinton en la votación nacional por 49% a 46%, y también lideraba en estados claves como Florida, Wisconsin, Michigan, Carolina del Norte, Ohio, entre otros. A las 11 p.m., los futuros del índice industrial Dow Jones bajaban 700 puntos, el oro subía en US$60 y el peso mexicano se derrumbaba. El mercado comenzaba a descontar una victoria de Trump.  En muchos años no veía algo así durante una elección presidencial en Estados Unidos.

¿Por qué se asustó el mercado así?  Yo creo que por tres razones:

  • Trump es proteccionista y ha tenido un discurso agresivo contra el libre comercio y libre movilidad de las personas. El proteccionismo destruye valor y si Trump cumple lo que dijo en campaña destruirá valor para la economía estadounidense y mundial. Ello perjudica a las empresas y a los trabajadores, y eso es malo para las acciones. Wall Street siempre prefiere el libre mercado al proteccionismo. Los flujos de caja futuros esperados de las empresas podrían ser menores.
  • Trump es un populista y no tiene un plan claro. Hace lo que es necesario para lograr sus objetivos, sin importar mucho la ética o el respeto a los demás. Lo vimos en campaña. Como presidente su objetivo será el de mantener o incrementar su popularidad. Es peligroso tener a un jefe de Estado que se maneje así. Puede tomar medidas económicas o políticas negativas en el largo plazo para Estados Unidos, con tal de obtener aplausos en el corto plazo. Trump incrementa el riesgo de la sostenibilidad económica de Estados Unidos y del mundo.
  • Trump no tiene un track record político. Es un wild card. No sabemos bien qué hará. Quizás mintió para obtener votos y no aplicará lo que dijo durante su campaña. Quizás sí lo haga. La incertidumbre es mala para los negocios. Eleva el riesgo, el costo de capital y reduce los valores fundamentales de los activos.

Ante todo esto, algunos inversionistas entraron en pánico la noche del martes y vendieron masivamente.

El miércoles en la mañana, el S&P 500 abrió 0.4% abajo y el oro US$30 arriba. Había menos nervios. Siendo las 4 p.m., el S&P 500 cerró 1.1% arriba, el principal índice mexicano en -8.7% en dólares y el oro redujo todas sus ganancias para cerrar flat. Durante la jornada, el pánico cedió (salvo en México), la tranquilidad volvió y aparecieron los compradores. Los inversionistas parecen confiar en la solidez de la institucionalidad de Estados Unidos, en que prime el sentido común en Trump y en que su gobierno no será radical en políticas proteccionistas.

Pero ¿qué cambió para que el mercado que parecía estar contento con una victoria de Clinton/derrota de Trump pueda estar ahora contento con una victoria republicana? Tengo dos hipótesis:

  • El mercado permanece temeroso de Trump, pero algunos inversionistas ahora apuestan que la incertidumbre influenciará en la Reserva Federal y que ésta ya no subiría tasas de interés en diciembre. Acordémonos que hasta ayer el mercado le asignaba 80% de probabilidades a una subida de tasas el próximo mes.
  • El mercado se ha calmado y -repito- cree que primará el sentido común y no habrá cambios sustanciales en la política económica de Estados Unidos. Total, tantos candidatos han prometido cambios radicales y luego no lo hicieron. La diferencia es que estos candidatos casi siempre eran de mercados emergentes y casi nunca de Estados Unidos.

Yo opino que la victoria de Donald Trump no es buena para Estados Unidos ni para el mundo. En lo político y económico, Trump ha ganado con el voto de los conservadores. El mismo tipo de voto que alejó al Reino Unido de la Unión Europea. Ello es malo para el mundo. Creo en la integración, en el libre mercado, en el respeto al prójimo y en la defensa de las minorías. Trump ha tenido un discurso opuesto a todo esto.

Tampoco me gusta Trump como líder. Un líder debe ganarse el respeto de las personas dando el ejemplo y respetando a las personas. Trump no es una persona afable, respetuosa ni simpática (como sí lo es Barack Obama, por ejemplo), y creo que eso es importante en todo líder y jefe de Estado.

El rumbo mundial dependerá de las políticas que establezca el gobierno de Trump.  Si revisa el Nafta y otros tratados de libre comercio, el resultado será negativo para todos (más para México). Si implementa barreras a los sectores farmacéuticos o financiero tampoco será positivo. Tenemos que ver qué sucede, y eso eleva el riesgo y fomenta la volatilidad en el mercado. El oro siempre es una buena alternativa en estos escenarios de incertidumbre.

En general, si bien es cierto el riesgo es ahora mucho mayor que antes, pues Donald Trump es un wild card, no creo que el electo presidente de Estados Unidos haga locuras. La economía no tiene espacio para mucha innovación y los resultados corporativos de las empresas vienen bien desde hace años. Ello y las bajas tasas de interés le han dado soporte al S&P 500. Por ello los analistas estarán a la expectativa de próximos anuncios de Trump y de la decisión de la Reserva Federal a mediados de diciembre sobre sus tasas de interés.

El mundo es dinámico. Las cosas cambian día a día. Donald Trump podría nombrar a un secretario del Tesoro promercado y un secretario de Estado muy respetado. Ello lo ayudaría a ganar confianza. El riesgo podría bajar. Y creo que eso espera el mercado: un golpe de confianza.

En conclusión, ceteris paribus, no es bueno que Donald Trump sea el nuevo presidente de Estados Unidos. Todo lo demás igual, el riesgo ha subido y,por tanto, los valores fundamentales de las acciones de empresas que dependen del crecimiento de la economía global deben bajar. Sin embargo, todo es dinámico. Trump lo sabe y tiene incentivos (asumiendo que es un ser racional) para manejar la economía con responsabilidad y no hacer cambios radicales.  Estaremos a la espera de sus anuncios y de la decisión de la Reserva Federal sobre tasas en diciembre. Veremos qué ocurre.