AlbertoArispe
Viva la Bolsa Por Alberto Arispe

El valor fundamental de la mayoría de compañías peruanas ha bajado. Mientras que en 2005-2013 la mayoría de analistas utilizaba tasas de crecimiento de largo plazo de 5% al año para estimar  flujos de caja futuros esperados, hoy esa variable está más cerca al 3%. El mercado es menos optimista y eso implica menor valor.

Menor valor fundamental implica menor precio de mercado.  Tomemos como ejemplo cuatro empresas peruanas que cotizan en bolsa, ligadas a la demanda interna: Alicorp, UNACEM, Cementos Pacasmayo y Graña y Montero. Entre abril de 2012 y abril de 2014 (dos años) el valor de mercado promedio de estas empresas fue de US$ 2,650 mn, US$ 1,895 mn, US$ 1,345 mn y US$ 2,285 mn, respectivamente.  Entre abril 2015 y abril 2017 (dos años) el valor de mercado promedio para estas empresas fue de US$ 1,643 mn, US$ 1,143 mn, US$ 917 mn y US$ 790 mn, respectivamente. En promedio, 44% menos. El menor crecimiento futuro esperado para el país está obviamente afectando el valor de las empresas peruanas.  En el caso de Graña y Montero, tomamos data hasta diciembre 2016, justo antes de que el mercado descontara que Odebretch estaba envuelto en temas de corrupción.

Sólo los holdings financieros  parecen haberse “salvado”.  La capitalización bursátil promedio para Credicorp durante 2012-2014 fue de US$ 10,700 mn, mientras que en 2015-2017 esta fue de US$ 11,000 mn. IFS, por su parte, tuvo un cambio en su valor de mercado promedio de US$ 3,100 mn a US$ 3,200 mn, entre los periodos mencionados. En ambos, la variación fue de 4%, casi igual.

Las empresas ahora valen menos que hace unos años.  Durante 2007-2013, el PBI peruano subió a una tasa promedio anual de 6.5% (en 2013 el PBI creció 5.8% en dólares). En 2014-2017e esta tasa es de 3.3%. El mercado es distinto y las expectativas también.

Este menor crecimiento, se debe a un problema estructural.  Entre 1990-2000 el país creció por un efecto rebote tras una década pérdida.  En 1990, el Perú era un país con 60% de pobreza, con atentados diarios de Sendero Luminoso y derrotado anímicamente.  En 1993 la economía peruana salía a flote, Sendero Luminoso era derrotado y el gobierno tenía niveles de aprobación superior al 65% de la población.  Los inversionistas, que confiaron en el país, se lanzaron a comprar activos nacionales.

Entre 2000-2013, se da una segunda ola de crecimiento impulsado por la confianza en el modelo económico y el boom minero.  En 2002, el Perú era aún un país con 50% de pobreza, pero ya sin terrorismo, representaba una gran oportunidad de crecimiento.  El boom minero y el crecimiento global atrajeron miles de millones de dólares en inversión directa extranjera.  Se crearon millones de empleos, se duplicó el PBI en dólares, se redujo la pobreza a 25% de la población y se mejoró prácticamente  todos los indicadores sociales.

Durante esos años, el Perú fue considerado grado de inversión, el riesgo bajó significativamente, e incluso, un partido político anti mercado tuvo que hacer una hoja de ruta que respetase al mercado para poder ganar las elecciones de 2011. Los ministros hablaban sobre el ingreso del Perú a la OCDE, Lima ganó la sede de los Juegos Panamericanos 2019, etc.  Para mí, que había ido a la PUCP colgado de un ómnibus viejo repleto de gente pesimista, con la vecina San Marcos llena de pintas subversivas e ingobernable, con apagones todos los días, me resultaba impresionante ver a mis practicantes pedir estacionamiento para sus autos.

Pero el mundo es dinámico.  El Perú cambió y los que apostamos por el país ganamos y ganamos bien, pues el riesgo era alto.  Hoy es distinto.  En 1990 el principal problema era el terrorismo.  En 2000 el principal problema era la pobreza. Hoy, el principal problema es la informalidad.

Mientras la pobreza es el 25% de la población, la informalidad es del 90%.  Sesenta por ciento, me corregirán algunos académicos.  Sesenta por ciento podrá ser la informalidad laboral/tributaria, pero la informalidad cultural, dada mi experiencia,  debe estar por 90%.

Hace años escribí posts señalando como la informalidad y la falta de consideración por los demás  destruiría valor para todos.  Se está cumpliendo.  La informalidad del peruano promedio le pasa factura al país.  Los informales eligen autoridades informales y estos hacedores de política destruyen valor. El informal no cumple con su palabra, no cumple con su compromiso, no cumple con su contrato. El informal no paga impuestos. El informal llega tarde o no llega. El informal se estaciona donde le da la gana. El informal te mete el carro en la pista. El informal maneja sin brevete.  El informal coimea/roba/recibe y da sobornos. El informal no respeta al prójimo.  El informal ataca al mensajero no al mensaje (como hacen nuestros congresistas, por ejemplo).

Y son esas autoridades informales los que están manejando el país a nivel gobierno, congreso, poder judicial, gobernadores regionales y alcaldías.  Tener autoridades informales, trae consecuencias.  Hay varios gobernadores regionales presos por temas de corrupción.  Se han paralizado obras de infraestructura vitales para el país como el aeropuerto de Chinchero y el Gaseoducto del Sur Peruano. La línea 2 del Metro de Lima no avanza.  El Niño Costero ha desnudado la ineficiencia de nuestros alcaldes y gobernadores pasados en construir ciudades ordenadas y formales.   Ahora leo atónito como algunos políticos, alcaldes, empresarios repiten que el Perú debe renunciar a organizar los Juegos Panamericanos 2019.

“Pero antes crecimos 5% al año con informalidad, siempre hemos sido un país informal”, dirán algunos. Es cierto. Pero, como señalé, antes el país era tan pobre que habían oportunidades de las cuales sacar provecho, y los inversionistas lo hicieron invirtiendo dólares en el país.  Hoy el país no es tan pobre, el consumo ha subido.  Necesitamos mayor productividad (empleo más sofisticado y valga la redundancia, formal), mayor infraestructura, mayor seguridad ciudadana, mayor orden.  Antes había espacio para crecer con informalidad.  Ahora, ya no hay tanto espacio como antes.  Este modelo ha llegado a su límite y debe haber más reformas pro mercado que disminuyan drásticamente la informalidad.

El Perú es un país grado de inversión, con una economía estable, con bajo nivel de deuda, con un déficit fiscal razonable, con reservas altas respecto a nuestro PBI.  El Perú tiene recursos de sobra para poder cumplir con atender las emergencias en el país, cumplir con los gastos corrientes, y por supuesto, organizar los Juegos Panamericanos 2019. Sólo los informales no cumplen con sus compromisos. Sólo los mediocres no luchan por llegar a sus objetivos. Sólo los perdedores se conforman con no hacer las cosas.  ¿Estamos a ese nivel?  El Perú debe tener toda la motivación para organizar unos juegos espectaculares y mostrarle al mundo y a los propios peruanos de lo que somos capaces de hacer. ¡No podemos ser perdedores!

Toda esta informalidad impide que haya una reforma laboral que reduzca el costo de las empresas a tener personas en sus planillas. Esta informalidad impide que haya una reforma electoral que permita tener mejores gobiernos.  Esta informalidad impide que haya una reforma profunda en la policía, fiscalía y poder judicial que permita reducir la inseguridad ciudadana y confiar en la justicia local.  Esta informalidad fomenta que las personas no paguen impuestos y no haya recursos en el tesoro público y las municipalidades para educación y salud.  Todos reclaman presencia del Estado, pero nadie quiere pagar por esa presencia! Esta informalidad limita nuestro crecimiento y nuestro desarrollo.

E insisto, es esa informalidad (la de la gran mayoría de personas, incluyendo quizás a usted, estimado lector), la que nos perjudica a todos, incluyendo menores valores fundamentales para nuestras empresas, nuestras casas, nuestros pequeños negocios.

Creo yo que acabado el boom minero y viviendo con la informalidad, el crecimiento anual de los próximos años puede estar entre 2%-3% anual, con lo cual la pobreza se mantendrá en sus niveles actuales y los precios de los activos en bolsa se estancarán.  También creo que los precios de los activos menos líquidos, como el real estate, bajarán más. El modelo actual ha llegado a su límite, necesitamos cambios estructurales pro mercado para crecer.

Estoy preocupado, pero nunca pesimista. El mundo felizmente es dinámico, por lo que depende de nosotros salir adelante. Si cada uno sale mañana dispuesto a no tirar papel a la calle, a llegar a la hora a nuestras reuniones, a saludar al prójimo con respeto, a no estacionar su carro en plena calle, a respetar a las minorías, a quejarnos menos de los demás, a no pagar/recibir coimas, a pagar nuestros impuestos, entre muchas otras cosas, estaremos dando un paso al frente. Enfrentar la informalidad es difícil, pero depende de nosotros mismos superar ese reto.