AlbertoArispe
Viva la Bolsa Por Alberto Arispe

Hace dos semanas leí un artículo publicado en SEMANAeconómica de título “Directorio de una empresa, ¿valor para quién?”. En éste, se señala que “el credo acuñado por Milton Friedman en 1970 ‘the business of business is business’, traducido en el sentido de que la razón de ser de la empresa es incrementar sus utilidades está a punto de ser un dinosaurio del pasado”.

Asimismo, el artículo indica que “existe una tendencia global de cambio de paradigmas respecto del devenir de la empresa. Es una tendencia que supone concebir a la empresa privada no sólo como maximizadora de valor para sus accionistas, sino para la sociedad en general”. También señala que en algunos países, los políticos están buscando aprobar leyes que obligan a las empresas a tener empleados en el directorio o cuotas femeninas, debido a que, supuestamente con esos directores, las empresas maximizarán valor para sus accionistas y para la sociedad.

En mi opinión, el objetivo de toda empresa capitalista debe ser maximizar el valor de la empresa y de esa manera beneficiar a sus accionistas en primer lugar, y a la sociedad en un segundo lugar. Las personas son egoístas y por tanto sólo invertirán si en primer lugar se benefician ellos y en segundo lugar “de taquito” se beneficia el prójimo.

Me parece muy grave que el Estado (congresistas, presidentes, ministros, reguladores) obliguen a las empresas a colocar a ciertos directores en el directorio de una compañía. Las compañías tienen dueños (aquellos que han arriesgado su patrimonio aportando capital) y son estos los que deben tener el derecho de escoger a quien les parezca conveniente para manejar su organización. Los que escojan bien se beneficiarán y los que no, se perjudicarán.

Creo que las empresas deben implementar prácticas de buen gobierno corporativo, deben ser transparentes y honestas, deben pagar sus impuestos como manda la ley, debe pagarle bien a sus empleados, deben promover la diversidad, pero deben hacerlo con el objetivo principal de crear valor para la empresa y sus accionistas. De esta manera, serán eficientes y ello beneficiará a sus demás stakeholders y a la sociedad en general. Y para ello, el Estado no debe estar involucrado, pues por lo general, más intervención crea ineficiencias.

En primer lugar, una empresa la constituyen los accionistas, quienes aportan su dinero (capital) para lograr un objetivo en común. Estos señores arriesgan su dinero, esperando un retorno que supere su costo de equity. Es decir, asumen un alto riesgo al invertir dinero en su empresa. En un mundo capitalista, el principal objetivo para arriesgar este dinero es casi siempre maximizar el valor de la compañía y hacer más ricos a sus propietarios, los accionistas.

En segundo lugar, para lograr este objetivo, los accionistas nombran un management. Este management son los miembros del directorio, la gerencia general y los gerentes de línea. Estos ejecutivos buscan incrementar los ingresos de manera sostenida, obtener márgenes de ganancias atractivos sobre las ventas, invertir buscando crecer en el largo plazo y optimizar el ratio deuda-capital que minimice su costo financiero. Con ello, maximizarán el valor de la compañía de manera sostenida a través del tiempo.

En tercer lugar, para lograr todo lo anterior, la empresa invertirá capital, creará empleo, pagará impuestos al Estado, invertirá en responsabilidad social, implementará prácticas de buen gobierno corporativo, etc. Ello beneficia a la sociedad. Mientras mejor le vaya a la empresa transparente, mejor le irá a la sociedad.

En cuarto lugar, en mi opinión, las prácticas de buen gobierno corporativo se implementan porque ello hace que las empresas sean más transparentes, respeten a sus accionistas minoritarios, sean organizaciones más flexibles, haya mayor apertura al cambio, reduzca el riesgo de la empresa, tenga mayor acceso a capital externo, entre otros beneficios.  Ello ayudará a la empresa a lograr el objetivo expuesto en el punto dos.

Las prácticas de buen gobierno corporativo no se implementan porque son buenas para la sociedad. Se implementan porque permiten a las empresas maximizar su valor. Ello beneficia a la sociedad.

Obligar a las empresas a tener directores hombres o mujeres, blancos o negros, altos o bajos, católicos o musulmanes, peruanos o extranjeros va totalmente contra el mercado y la libre empresa. Cada accionista debe tener la libertad de escoger a los directores que le parezca pues el accionista es el propietario de la empresa y es el que asume el riesgo del negocio. Es cierto que un accionista racional que busca maximizar el valor de su empresa debería buscar la diversidad, pues crea valor por muchas razones, pero eso debe depender de cada uno.

Y por último, en mi experiencia, los políticos y burócratas NO están mejor calificados que los accionistas de las empresas para saber quién es el director que maximizará valor para su empresa y, por ende, para la sociedad. Creo más en el mercado que en el Estado. El accionista, además de conocer mejor su negocio, tiene un incentivo a nombrar gente que cree valor en su directorio. Ellos son los que continuamente arriesgan su capital. Los políticos y burócratas no han invertido dinero por lo que un buen/mal director no los afectará directamente. They have no skin in the game.

Estoy de acuerdo en que las empresas tienen un impacto muy importante en la sociedad. Generan empleo, pagan impuestos y permiten por tanto, que el Estado tenga ingresos. Si las empresas buscan maximizan su valor, el impacto positivo sobre la sociedad será mayor, pues generarán más empleo y pagarán más impuestos. Si esto ocurre, el Estado tendrá más recursos para, junto con la empresa privada y otras instituciones, lograr que todos vivamos en una sociedad más justa y que, por tanto, todos seamos un poco más felices.

Estoy totalmente de acuerdo con la autora del artículo mencionado cuando señala “La diversidad en el directorio no es un fin en sí mismo sino un medio para dotar de perspectiva a la acción directiva en un mundo cambiante. La diversidad es el antídoto contra la complacencia y el groupthink, ese fenómeno psicológico que le impide a un grupo ver lo que tiene por delante”.

Sin embargo, concluyo enfatizando que el accionista asume un riesgo al constituir una empresa y que por ello debe ser el accionista quien tenga plena libertad de manejar su empresa. Si el accionista desea que la empresa tenga un objetivo distinto al de maximizar el valor de la empresa, está bien. Pero si el accionista capitalista desea elevar sostenidamente el market cap de la misma, está en su derecho y, por tanto, debe tener la libertad de escoger a sus directores.

Desde hace años, en Europa y Estados Unidos, han surgido las empresas B (B corporations). Estas corporaciones operan bajo altos estándares sociales, ambientales y de transparencia, y por sus estatutos toman decisiones corporativas considerando no sólo los intereses financieros de sus accionistas, sino también otros intereses como los de los empleados, los proveedores y clientes, la comunidad a la que pertenecen y el medio ambiente.

“Este paradigma redefine el sentido de éxito en los negocios al formular una pregunta básica: ¿cuál es el propósito, el para qué de la empresa en la sociedad? Al responder esta pregunta, los rendimientos financieros pasan a ser entendidos como herramienta indispensable para lograr sus objetivos, pero no como su razón de existencia única. El éxito pasa, entonces, no sólo por su nivel de facturación, utilidades o dividendos, sino por cómo su modelo de negocios integra los beneficios con el impacto en la sociedad y el medio ambiente de un modo medible y escalable”.

Pero al final, el objetivo principal sigue siendo maximizar el valor de los accionistas mediante finanzas corporativas: incrementar sus ingresos, obtener márgenes ebitda atractivos, reinvertir ganancias cuando el ROI supere el costo de capital y, con ello, lograr tasas de crecimiento atractivas, obtener la estructura deuda capital que minimice tu costo de capital, siempre respetando las leyes y el bien común bajo altos estándares éticos y morales.

Creo yo que the business of business es y sigue siendo, efectivamente, business.