AlbertoArispe
Viva la Bolsa Por Alberto Arispe

Desde 2002 el Producto Bruto Interno (PBI) del Perú, en términos nominales, ha crecido a una tasa promedio anual de 9.1%.  Esto implicó una reducción de la pobreza de 54% a 20% de la población en el Perú, según el INEI, en ese periodo de tiempo.  Menor pobreza va de la mano con mayor empleo formal e informal, mayor consumo de la población, mayores inversiones de las empresas privadas, mayor valor para todos los activos y por supuesto, mayores ingresos para el Estado vía mayor recaudación de impuestos. Todos ganamos cuando la pobreza se reduce.  Es un tema moral y económico.  La única manera de disminuir  pobreza es creciendo económicamente. No hay otra.

En el Perú, el 95%  del PBI depende del consumo (75%) y de la inversión privada (20%). Pero en mi opinión, la variable clave es la inversión privada. El consumo privado y público dependen  de la inversión privada pues sin inversión no hay empresas, sin empresas no hay empleo, sin empleo no hay ingresos del consumidor y sin ingresos no hay consumo.  Las exportaciones netas también dependen de la inversión privada, pues sin inversión no hay empresas que produzcan y exporten. Finalmente, la inversión o gasto público depende de la inversión privada pues si no hay inversión privada, no habrá empresas ni empleados que paguen impuestos y el Estado no tendrá dinero para invertir/gastar.  Por tanto todo el crecimiento económico depende fundamentalmente de la inversión privada. Es decir, para crecer, tiene que haber inversión privada.  No hay otra.

En el Perú, desde 2002, la inversión minera ha representado 13% de la inversión privada total, siendo uno de los sectores que más invierte en términos absolutos en el país.   Si no hubiese habido inversión minera, el crecimiento económico del país no hubiese sido de 9.1% por año promedio anual, sino  7.0% promedio anual.  Por tanto, el PBI peruano no sería hoy de US$ 222 bn, sino de US$ 162 bn.  Eso significa menos riqueza, menos empleo, menos consumo y mucho más pobreza. Asimismo, los  impuestos que han pagado las empresas mineras representan el 15% de los ingresos tributarios del país.  Eso significa escuelas, hospitales, programas sociales, ingresos para la burocracia, entre otros.

 

Gráfico N°1: PBI Minería (US$ MM)

Por lo tanto, la inversión privada minera es totalmente necesaria y debe ser totalmente bienvenida.  Si queremos crecer debemos aprovechar nuestras ventajas comparativas.  La minería es una de ellas.

Apurímac es un buen ejemplo.  En 2005-2010 la inversión minera en Apurímac era de US$ 20.7 mn por año en promedio. Casi inexistente.  Setenta por ciento de la población vivía en pobreza.  En 2012, se inicia la inversión en Las Bambas.  La inversión minera en la región subió en los primeros 4 años a US$ 1,500 mn anuales y ahora se sitúa en US$ 500 mn anuales.  Las Bambas crea empleo, genera circuitos económicos, paga regalías y pronto pagará impuestos.  Según el INEI, en 8 años la pobreza ha bajado en Apurímac de 70% a 35% de la población.  El 90% de esta reducción en pobreza ha sido producto del crecimiento económico que directa e indirectamente ha traído a la región la inversión minera.  Apurímac apostó por la minería y ahora ya no es uno de las regiones más pobres del país.

Obviamente, 35% de pobreza es todavía alto, pero estamos mejorando.  35% es mejor que 70% y no hay otra manera de reducir la pobreza con tanta fuerza.  Por tanto, pretender que no haya minería en zonas muy pobres del Perú con oportunidades es una maldad, una crueldad, es una violación a los derechos humanos de estas personas.  Es un deber seguir promoviendo la inversión minera en la región pues existen varios proyectos atractivos que pueden ayudar a bajar la pobreza a 25%, a 20% de la población. ¿Vamos a negar esto a los habitantes de las regiones más pobres del Perú?

La minería hace grandes inversiones que ningún otro sector puede hacer en la serranía peruana, ninguno.  Y por ende, es la única forma de reducir la pobreza en esas zonas de manera más eficiente.  No todos ganarán evidentemente, pero la gran mayoría si lo hará, y eso es lo más relevante.

Ahora estamos frente a Tía María. Los supuestos defensores del pueblo gritan en calles y plazas que Southern no tiene  licencia social, que Southern contaminará y perjudicará al campesino y al pequeño empresario.  El Frente Amplio y Nuevo Perú se han unido a la lucha.  Los frentes de defensa también.  El gobernador de Arequipa señala que si hay muertos el presidente será responsable.

Southern ha cumplido con todo lo que manda la ley para llevar a cabo el proyecto.  El Estado Peruano es súper regulador. El que crea que no lo es, nunca ha lidiado con un regulador/supervisor del Estado.  Para llegar a tener los permisos de construcción se tienen que cumplir una serie de requisitos que toman años.  Southern los ha cumplido.  Además, Southern es una empresa que cotiza en bolsa, no sólo está bajo supervisión del Estado Peruano, está observada todos los días por los inversionistas, las ONGs, las comunidades locales, los alcaldes, los gobiernos regionales y muchos otros.  Cómo es una empresa grande todos están al tanto de lo que ocurre en sus minas.   Más control no puede haber.  El mundo ha cambiado, no estamos en 1960 cuando no había internet y no había celulares.

La minería no tiene porqué  contaminar ni perjudicar a los agricultores de la zona.  Es una mentira.  Está comprobado en todo el mundo, que los proyectos mineros pueden llevarse a cabo respetando el medio ambiente.  Hay minas en el Océano Ártico, en las selvas, en las sierras, cerca de ciudades (Cerro Verde en Arequipa, que mayor ejemplo).  Es falso decir que una mina  perjudicará la agricultura, necesariamente.

Lo que se debe hacer es que Southern lleve a cabo el proyecto cumpliendo con todos los estándares medioambientales y cumpliendo con todo lo requerido por el Estado Peruano.  Si ocurriese alguna externalidad y alguien es perjudicado, la empresa minera debería compensar económicamente al afectado.  Así debería ser, no sólo en el negocio minero, sino en todos los negocios.  La mina debe construirse, debe haber supervisión y control.  Pero no hacer el proyecto, es una barbaridad total. Estamos para hacer cosas, no para no hacerlas.

También es falso que si Tía Maria no va, el gran perdedor es Southern. Tía Maria es un proyecto que implica una inversión inicial de US$ 1,400 mn y que, según Kallpa SAB, los flujos de caja futuros esperados le dan un valor fundamental al proyecto de US$ 2,000 mn (y lo castigamos en 50% debido al riesgo de no llevarse a cabo). Estos US$ 2,000 mn no representan ni el 8% del valor fundamental de toda la empresa.  Es más, el mercado descuenta que Tía María no se hará.  Si no va Tía María, Southern no será la gran perdedora, ni mucho menos sus accionistas. El mercado descuenta que no se hará.

Los grandes perdedores serán los pueblos cercanos a la mina, la región de Arequipa y todo el Perú. En aproximadamente 20 años, Tía María generaría más de US$ 1,600 mn en regalías y canon minero y  más de 60,000 puestos de trabajo en la región arequipeña. Con esa cantidad de recursos,  se podrían construir más de 1,500 colegios o más de 20 hospitales. Sería una irresponsabilidad no hacer el proyecto.

Nunca he podido entender como algunos grupos políticos pretenden sacar al país adelante sin promover la gran inversión privada en infraestructura y recursos naturales. En el Perú, por sus características, la inversión privada está muy ligada a la inversión minera.  ¿Se imaginan a Australia/Canadá/Chile sin inversión minera?  ¿Están mejor o peor que nosotros? Los modelos de inversión estatal han fracasado ya hace años y siguen fracasando en Cuba, Venezuela, Corea del Norte.  Tenemos que seguir a Australia, Canadá, Chile, no a Cuba y/o Venezuela.

El proyecto Tía Maria y todos los proyectos que hayan aprobado todos los requerimientos que exige el Estado deben llevarse a cabo.  No solamente porque vivimos en un Estado de Derecho, sino porque es lo moral, lo correcto: que las personas tengan empleo formal y puedan disfrutar de la vida con una remuneración decente y con esperanzas de crecimiento.  Hacer lo contrario es simple demagogia y maldad.

En 2011 se paralizó el proyecto Conga (inversión inicial de US$ 5,000 mn) en Cajamarca.  Esa inversión es similar a la ocurrida en Las Bambas.  En Cajamarca la pobreza en 2011 era 42% de la población.  Hoy sigue igual. Los líderes políticos y la población que se opusieron a ese proyecto perjudicaron a millones de personas.  ¿Estamos mejor sin Conga?  ¿Queremos Apurimacs o queremos Cajamarcas? ¿Queremos crecimiento con menos pobreza  o queremos estancamiento con pobreza?

Llevar a cabo proyectos de inversión que generen riqueza en el país, que generen empleo formal y que generen impuestos para el fisco, en las zonas más pobres, debe ser la prioridad de todos los peruanos.  No hacerlo, repito, es atentar contra el bienestar, desarrollo y crecimiento de la población más pobre del Perú. Todos debemos tener oportunidades de vivir decentemente y en el Perú, esas oportunidades sólo pueden ser creadas por inversión a gran escala, como la inversión minera.