MarleneMolero
Gender Lab Por Marlene Molero

El pasado 21 de agosto terminó Perú Sostenible, evento que organizó Perú 2021 para abordar y desarrollar distintos temas ligados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los ODS son 17 objetivos frecuentemente vinculados entre sí que buscan poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas en el mundo gocen de paz y prosperidad. Cada objetivo tiene metas e indicadores que guían su adopción por parte de los países. Para alcanzarlos se requiere del trabajo conjunto del Estado, la Sociedad Civil, la Empresa Privada, la Academia, entre otros actores relevantes. Si quieren conocer más sobre los ODS pueden encontrar más información aquí.

Fue en este marco que me tocó presentar la mesa de trabajo de la ODS 5 que está centrado en lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. La cita fue en el Museo de la Nación y fue una tremenda oportunidad para hablar de un tema al que muchos de nosotros le venimos metiendo harto corazón desde hace ya un tiempo.

El bloque lo abrió Miguel Ucelli, CEO de Scotiabank, que nos regaló una hoja de ruta para que las empresas incorporen prácticas de diversidad en sus organizaciones. A mí me tocó dar una mirada de cómo estamos y de cuáles son nuestros retos y desafíos. Terminamos con un panel conformado por la viceministra de la Mujer, Carolina Garcés, Mariela García, CEO de Ferreycorp y Hugo Ñopo, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El panel fue un ejemplo de sinergias posibles entre el sector público y privado, el rol esencial de la academia y los organismos internacionales. Es decir, un ejemplo de cómo se deben abordar problemas tan complejos como el de la discriminación y violencia que sufren las mujeres y las niñas en el mundo y en nuestro país.

Creo que una buena manera de contarles sobre la ODS 5 y los retos que como país tenemos frente a la igualdad de género es a través de las historias de Yulissa, Karla y Jessica. Yulissa y Karla viven y estudian en el distrito de Quitoarma en la región de Huancavelica, que como ustedes saben es una de las más pobres del país. Ellas se despiertan todos los días a las 5:30 de la mañana, preparan su desayuno y el de sus hermanos menores, en algunos casos llevan sus animales a pastar y alrededor de las 7 de la mañana parten al colegio. En promedio les toma entre una y dos horas llegar. Yulissa y Karla tienen quince años, van a terminar la secundaria en edad oportuna y ambas tienen planes a futuro. Karla quiere estudiar ciencias políticas y Yulissa quiere ser ingeniera civil. 

El 13 de marzo de este año Karla y Yulissa estuvieron en la Biblioteca Nacional del Perú presentando su primer documental ‘Escúchame’, que habló sobre las niñas del Perú y el desafío de la educación. Ellas forman parte de un grupo de 23 adolescentes que se convirtieron por una semana en directoras, guionistas y editoras de un proyecto documental filmado por ellas mismas sobre sus propias vidas. Ellas hicieron oír su voz para que nunca más las niñas en nuestro país tengan que abandonar el colegio.

Por su parte Jessica vive en Tambogrande, Piura. Tiene 34 años. Es madre soltera de tres hijos. Jessica empezó a ser empresaria a los 17 años, vendía ropa interior a sus tías y amigas. Poco a poco fue abriendo una bodega y con el tiempo, como sus clientes le pedían delivery, en lugar de pagar una mototaxi para que alguien más lleve sus productos, decidió comprarse una. Para ella tener una bodega significa tener un negocio y al tener que pagar impuestos se siente parte del Perú. Jessica quiere ser un buen ejemplo para sus hijos. Ella quiere que el Perú sea un país no machista, un país con valores, que respete, que no sólo los hombres tengan derechos sino también las mujeres. Por eso, Jessica impulsa el emprendedurismo entre las mujeres de su comunidad.

Yulissa, Karla y Jessica son historias de éxito. Nos enseñan que a pesar de las adversidades es posible encontrar oportunidades, aprovecharlas y salir adelante. Sin duda, estas historias son ejemplo del empuje y perseverancia de sus protagonistas, ¿pero es sólo eso? Vivimos en una sociedad que nos dice una y otra vez que querer es poder, que si se quiere se puede y que el resto son excusas. Y bueno, ojalá que esto fuera así. Tal vez para algunos de nosotros lo sea, pero eso de ninguna manera significa que sea  lo que ocurre con más frecuencia en nuestro país. En el Perú querer no siempre es sinónimo de poder. Y para las mujeres esta afirmación es aún más fuerte.

No tenemos 20% de brecha de género en el acceso al empleo porque las mujeres no queramos trabajar. Tampoco le dedicamos dieciocho horas más que los hombres al trabajo del hogar no remunerado porque no queramos hacer otras cosas. La desigualdad de género no es un problema de las decisiones de las mujeres. Es un problema de las barreras estructurales que existen en nuestra sociedad y que nos afecta a todos y a todas.

En el Perú, 6 de cada 10 niñas en situación de extrema pobreza no terminan la secundaria en edad oportuna. En la Amazonía son 8 de cada 10. Cuando no terminan el colegio, la maternidad no planificada es cuatro veces mayor respecto de aquellas que sí lo hacen. En el Perú las mujeres todavía ganamos 30% menos que nuestros pares hombres por el mismo trabajo. En el Perú, de 25 gobernadores regionales electos, ninguna es mujer. En el Perú, cada dos días matan a una mujer por el hecho de serlo. En el Perú, todavía no podemos decir que hombres y mujeres tenemos igualdad de oportunidades. Pero si esta es todavía parte de nuestra realidad, ¿qué es lo que hace posible que tengamos historias como las de Yulissa, Karla y Jessica? Por supuesto, las ganas de salir adelante de sus protagonistas. Pero nuevamente, ¿es sólo eso?

Yulissa y Karla son parte del programa Niñas con Oportunidades de Care Perú, y Jessica forma parte de Creciendo por un Sueño de Backus. Yulissa, Karla y Jessica son historias de éxito que fueron posibles porque Estado, Sociedad Civil y Empresa Privada se unieron para crear los programas que generaron las oportunidades que nuestras protagonistas supieron aprovechar. Y es que cuando nos unimos, podemos generar grandes cambios.

Somos el mejor destino gastronómico del mundo y somos el país con la mejor hinchada del mundo. Pero ¿saben qué más somos? También somos el país que más ha logrado reducir la pobreza multidimensional en el mundo. En la última década se redujo en más del 50% la pobreza monetaria. Ahora, ¿saben cuánto de esa reducción obedece al cierre de las brechas de género? 25%.

De acuerdo al Banco Mundial, 25% de toda la reducción en pobreza en el Perú en la última década se debe al ingreso laboral de las mujeres. Y es que las mujeres transforman. El aumento de la educación de las mujeres y las niñas contribuye a un mayor crecimiento económico e incide positivamente en la reducción de la mortalidad infantil. La CAF estima que si las mujeres se incorporan masivamente al mundo laboral, el PBI de la región aumentaría hasta un 34% y McKinsey lleva años diciéndonos que la igualdad de género funciona también para el sector empresarial, y que las empresas que cuentan con un 30% de mujeres en posiciones de liderazgo aumentan, entre varios otros indicadores, sus posibilidades de obtener un mayor retorno en su inversión.

Todos tenemos la capacidad de generar un cambio. Para hacerlo necesitamos reconocer que tenemos la posibilidad de ser agentes de cambio. Pero además, y esto es esencial, necesitamos creer que ese cambio es importante. Los cambios no ocurren por sí mismos, los cambios los hacen las personas. Tampoco los hacen las organizaciones, los hacen las personas que forman parte de esas organizaciones. Los hacen ustedes. ¿Se acuerdan hace menos de dos meses cuando  iban al supermercado y se llevaban todas las bolsas de plástico que podían? ¿Qué hacen ahora? ¿Procuran llevar su propia bolsa cierto? Hasta se sienten orgullosos de hacerlo! ¿Qué cambió? ¿Los 10 ó 15 céntimos que ahora nos cobran? ¡No! Lo que cambió es que ahora nos preguntan si necesitamos una bolsa. Nos han dado un momento para pensar conscientemente lo que estamos haciendo. Ahora, les propongo tomarnos un momento para pensar conscientemente qué es lo que estamos haciendo desde cada uno de nuestros espacios para promover la igualdad de género y cómo lo que estamos haciendo tiene un impacto en la mejora de la calidad de vida de todo el país.  

Yulissa, Karla y Jessica nos enseñan que cuando el Estado, la empresa privada y la sociedad civil se juntan transforman vidas. El impacto que la reducción de las brechas de género tiene sobre la pobreza nos demuestra que esto es así. En octubre se instala con Perú 2021 la mesa de igualdad de género. Esta es una oportunidad para generar sinergias que suman, de trazarnos metas conjuntas en las que cada una de nuestras iniciativas y acciones contribuyan a lograr que las mujeres y las niñas, que constituyen la mitad de la población de nuestro país, no sigan sufriendo discriminación y violencia. Porque toda esta historia estoy segura que la vamos a cambiar.

Y recordando a Ángela Davis, una de esas mujeres que inspiran, tengamos siempre presente que no hemos venido acá para aceptar las cosas que no podemos cambiar, sino a cambiar las cosas que no podemos aceptar. 

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