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Asia Light Por Pablo Espinel

El 23 de marzo pasado, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), tuvo el primer incremento de miembros desde su lanzamiento en Pekín en enero de 2016. El BAII aprobó las solicitudes de 13 países –entre ellos, el Perú– para vincularse a este nuevo banco luego de que hagan su primera aportación de capital. Los nuevos socios se unirán a los 57 miembros fundadores, elevando a 70 el número de integrantes del nuevo multilateral.

El BAII fue concebido por China en 2014 y lanzado oficialmente en 2016 como una alternativa a los bancos internacionales de desarrollo existentes, como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo (ADB). ¿Cuáles fueron sus motivaciones?

La razón oficial de China es que “las necesidades de financiación en Asia para infraestructura básica son absolutamente enormes”, dijo el presidente de China Xi Jinping en el discurso de lanzamiento. De acuerdo al nuevo reporte Meeting Asia’s Infrastructure Needs del ADB, el agujero es de US$22.6 billones (trillion) hasta el 2030. Las instituciones existentes no están en capacidad de llenarlo: el ADB tiene una base de capital de algo más de US$175,000 millones y el Banco Mundial, de US$252,800 millones. Además, mientras los préstamos del ADB y del Banco Mundial financian todo, desde educación hasta cambio climático, el BAII concentra sus esfuerzos en infraestructura. Se espera que el BAII preste entre US$10,000 y US$15,000 millones al año durante los primeros cinco o seis años de funcionamiento.

Pero la intención real, no expresada, proviene de un cambio más profundo: a China le gustaría usar el nuevo banco para expandir su influencia a expensas de Estados Unidos y Japón, las potencias establecidas de Asia. La decisión de China de financiar un nuevo banco multilateral en lugar de dar más a los ya existentes refleja su exasperación con el lento ritmo de la reforma de la gobernanza económica mundial. Aunque China es la mayor economía de Asia, el ADB está dominado por Japón. La participación de Japón en el voto es más de dos veces la de China y el presidente del banco siempre ha sido japonés. Las reformas para dar a China un poco más de autoridad en el Fondo Monetario Internacional (FMI) se han retrasado durante años e incluso si llegara a pasar, es muy probable que los Estados Unidos conservarían una participación mayoritaria en el poder de votación.

Además, el BAII puede ser la herramienta perfecta para colocar dinero chino sin ser visto como un intento de inmiscuirse en asuntos de otras naciones. Como el miembro con participación mayoritaria en el BAII, China podrá dirigir dinero hacia inversiones que beneficien a Pekín directamente, tanto económica como políticamente, bajo la etiqueta de ‘desarrollo’. También es probable que contribuya a la internacionalización de su moneda, el renminbi, más aun ahora que ha sido incluida por el FMI dentro del activo internacional de reserva SDR (o DEG, en español).

Dicho esto, ¿cuál es el balance tras su primer año de operaciones? El BAII ha sido liderado de manera sólida por su presidente Jin Liqun, quien tiene una amplia experiencia trabajando para el Banco Mundial y el ADB. Bajo la dirección de Jin, el BAII ha escalado la curva de aprendizaje rápidamente. El banco apuntó a prestar US$,2000 millones en 2016, y superó esa meta, extendiendo más de US$1,700 millones de préstamos el año pasado.

El BAII como institución está ayudando a China a reforzar su política One Belt One Road (OBOR), una ambiciosa estrategia de desarrollo que busca crear conectividad y cooperación con el resto de Eurasia por mar y por tierra. Esto se refleja en los nueve proyectos aprobados en 2016, que son de corte estratégico.

Así, por ejemplo, el proyecto de autopistas de Pakistán financiado por el BAII forma parte del Corredor Económico China-Pakistán, un componente importante de la iniciativa OBOR. Por otro lado, los préstamos del BAII a Azerbaiyán pueden ayudar a cultivar el corredor económico China-Asia Central-Asia Occidental, que proporciona una alternativa por tierra a las rutas principalmente marítimas utilizadas en la actualidad. Varios otros países a los que ha prestado el BAII también forman parte de los objetivos de la estrategia OBOR, incluidos Tayikistán, Bangladesh y Myanmar.

A medida que el AIIB entra en su segundo año de operación, la trayectoria y perfil del banco continuarán aumentando. Esto tendrá como consecuencia que, aunque China fundó el banco y ejerce un veto de facto sobre las decisiones de financiamiento, una membresía en expansión probablemente requerirá que Pekín tenga que sacrificar algunas de sus acciones. China tiene el 26% de las acciones con derecho a voto en la institución, con una mayoría de tres cuartos de votos necesaria para ciertas decisiones, incluyendo el cambio de las reglas de gobierno del banco y la aprobación de grandes proyectos de financiamiento.

Como lo expresa el Financial Times, la continua expansión del BAII contrasta fuertemente con la reciente propuesta presupuestaria presentada por la administración estadounidense del presidente Donald Trump, que propone recortar US$650 millones de las contribuciones estadounidenses al Banco Mundial —el principal competidor occidental del BAII. El presupuesto de Trump también conduciría a reducir la participación estadounidense en el FMI, si se aprueba.

Debido a la reticencia de la administración Trump a lo ‘multilateral’, las probabilidades de China de ver el BAII expandirse más rápidamente de lo esperado parecen más fuertes. Sin embargo, hay indicaciones de que el BAII ya experimenta ciertos ‘dolores de crecimiento’ como organización, tales como dificultades en contratar personal calificado que quiera vivir en China. Por otro lado, una de las preguntas más importantes en torno al BAII será la medida en que Pekín pueda tener éxito maniobrando la toma de decisiones de financiamiento hacia proyectos que incidentalmente benefician sus propios intereses. Queda por ver si y cómo los Estados Unidos y Japón modificarán su perspectiva sobre el banco. Recordemos que el gobierno de Barack Obama no se unió al banco aduciendo que sus normas de transparencia y gobernanza no estaban claras. Japón, de manera similar, optó por no unirse al BAII por razones similares, pero podría reconsiderar pronto.

Lo que si resulta innegable es lo siguiente: China es una potencia en constante crecimiento. Estados Unidos está en declive. Las organizaciones dirigidas por Washington ya no reflejan el verdadero equilibrio económico del poder en el mundo, por lo que Estados Unidos debería preocuparse por el surgimiento de contrainstituciones poderosas como el BAII, que cuentan entre sus miembros fundadores a potencias como Alemania, Rusia, Francia, India y Reino Unido. Bajo los auspicios del BAII, China podrá continuar incrementando su ‘poder blando’ (soft power), ampliando sus intereses económicos y ganando cada vez mayor aceptación en la escena mundial.