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Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

El 19 de diciembre de 2018 se publicó la Ley N° 30884, “Ley que regula el plástico de un solo uso y los recipientes o envases descartables”; cuyo principal objetivo es eliminar progresivamente, en los siguientes tres años, el uso de recipientes de tecnopor, así como de utensilios y bolsas de plástico no biodegradables (NBD), mediante la implementación de tres medidas concretas:

1. A partir del 20 de diciembre del 2018, todos los establecimientos comerciales deberán cobrar un precio a los consumidores por cada bolsa plástica que entreguen. Sin embargo, como la ley aún no ha sido reglamentada y no existen sanciones para quienes no lo hagan, es probable que el cobro por parte de algunos establecimientos se dilate algunos meses más.

2. A partir del 1 de agosto de 2019 entrará en vigencia un impuesto que deberán asumir todos los consumidores, equivalente a S/0.10 por cada bolsa plástica de un solo uso que reciban, y que se irá incrementando progresivamente año a año hasta alcanzar los S/0.50 por cada bolsa. Este impuesto aplicará todas las bolsas de plástico entregadas en los comercios, sean o no NBD.

3. Mediante un programa de eliminación previsto en tres etapas, que vencen dentro de los 4, 12 y 36 meses siguientes, a través del cual se prohíbe progresivamente el uso, comercialización y fabricación para consumo interno de productos considerados contaminantes, tales como envases de tecnopor, bolsas, cañitas y utensilios de plástico NBD.

La pregunta que no podemos dejar de hacernos es: ¿por qué prohibir la fabricación sólo para consumo interno si la contaminación es un problema mundial? Simple. Otros países cuentan con una educación y cultura de reciclaje desarrolladas que les permite continuar usando estos productos sin contaminar el ambiente, por lo que no se justifica prohibir su exportación.

Si bien es cierto con esta ley el Perú se suma a un reducido número de países cuyos gobiernos han regulado el uso de bolsas, cañitas y utensilios de plástico (menos de 15 en todo el mundo), son muy pocos los que han prohibido definitivamente su uso. Así que la segunda pregunta que no podemos dejar de hacernos es: ¿debemos sentirnos orgullosos de la aprobación de esta ley?

Cada uno sabrá como responder esta pregunta, pero debemos ser conscientes que el problema de la contaminación ambiental no surge como consecuencia del uso de bolsas o utensilios de plásticos, sino de los muy deficientes procesos de eliminación de residuos sólidos con los que contamos y la falta de una educación y cultura de reciclaje adecuadas. Usar no contamina; tirar lo que usamos al mar, sí.

Como somos incapaces de actuar correctamente, educar a la población en el respeto del medio ambiente y fiscalizar y sancionar las conductas contaminantes, hemos optado por la solución más radical de todas, que pasa por prohibir el uso de un bien. Como no podemos dejar de ensuciar, hemos optado por eliminar aquello con lo que ensuciamos. En otras palabras, hemos matado al perro para acabar con la rabia.

Habrá quienes se enorgullezcan de esto, pero debemos ser conscientes que las leyes por sí solas suelen ser insuficientes para acabar con los problemas. Pensar que con ella hemos resuelto el problema de la contaminación ambiental sería el peor favor que podemos hacerle al Perú, a sus playas y al planeta. Saludemos este logro, pero no dejemos de preguntarnos si no es éste el triunfo de la mediocridad, la falta de civismo y respeto a los demás.