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Diálogos de Carrera Por Patricia Cánepa

Mi jefe se encierra en su oficina y vive en su pequeño mundo. La oficina puede estar hecha un desastre pero no se entera porque no es capaz de salir de su oficina.

Sucede, es un problema común. Un conocido me comentaba que su jefe estaba continuamente en reunión tras reunión, llamadas tras llamada, atendiendo al mundo exterior, a sus jefes, los jefes de sus jefes pero totalmente desconectado de su equipo.

Esto provocaba que los colaboradores no supieran lo que estaba pasando en la empresa, no se enteraran de nuevas políticas, nuevos métodos de trabajo, controversias o la asimilación de nuevas tecnologías.

Los empleados observaban que nunca tenía tiempo para ellos, pero se sorprendían que cuando llegaba visita, encontraba tiempo para atenderlos, pasearlos por las instalaciones y conversar con ellos.

Irónicamente, cuando uno de sus colaboradores le reclamó que encontraba tiempo para desconocidos pero no para su propio equipo, le fijó la mirada a los ojos mientras se dirigía apurado a su oficina y contestó: “No tengo tiempo para esto.”

La inteligencia emocional

Lidiar con personas puede resultar difícil. Algunos gerentes se sienten mucho más cómodos planificando y gestionando recursos que no sean humanos. Aunque es cierto que en el futuro tendremos que lidiar cada vez más con máquinas y robots, todo apunta a que la inteligencia emocional será una de las 10 capacidades más demandadas en el futuro, según el World Economic Forum.

Para liderar, es esencial una fuerte dosis de inteligencia emocional, quien no la posee y no se preocupa de desarrollarla está en una fuerte desventaja.

El líder se debe a su gente

Mi regla de oro es que ningún extremo es bueno—ni mucha atención, ni muy poca. Un líder se debe a su gente, entonces no puede desconectarse de ellos. Debe tener empatía, ponerse en su lugar, entender, por ejemplo, que quien trabaja 70 horas a la semana, está poniendo en riesgo no solo su salud física sino sus relaciones personales. Si no descansa o no baja los niveles de estrés, no habrá recuperación, los rendimientos bajarán, y se afectarán los resultados. Esto puede pasar desapercibido ante un jefe que está encerrado en su oficina y luego trata de explicarse los altos niveles de ausentismo o rotación.

Las consecuencias

Lo peor; y, a veces, irreversible es lo que pasa dentro de la persona que se desencanta del jefe, o de la empresa por no hacer nada con respecto a un mal jefe. Las personas son seres humanos, emotivos, que necesitan atención y valorización. Necesitan guía, un propósito y sentido de dirección y aliento.

En ausencia del jefe y los elementos mencionados se empiezan a transformar en seres resentidos, desconfiados, desmotivados, que también se desconectan de la organización. El compromiso o confianza que se pierde, es muy difícil de recuperar. Todos pierden.

Lo imperativo

Ahora que hablamos de crecimientos exponenciales, del cambio continuo, de la tecnología disruptiva que nos invade cada vez más, hay que estar cerca y sintonizados con nuestros colaboradores, no para controlarlos, si no para darles ese sentido de propósito, dirección y recursos. También, para alentarlos a seguir probando cuando se equivocan y para acompañarlos y orientarlos en el camino y motivarlos a sacar lo mejor de sí y lograr cosas espectaculares.

¿Cómo te calificas?

En una escala del uno al cinco, ¿qué tan cerca estás de tus colaboradores? ¿A qué te comprometes para mejorar, en este aspecto, desde mañana?

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