CésarLuna Victoria
El Derecho al Revés Por César Luna Victoria

Chibolo chancón dando cátedra a los doctores. Hijo obediente produciendo vino en Caná pedido de la mami. Seductor verbal en el sermón de la montaña. Repartidor de bienaventuranzas. Populista multiplicando panes y peces. Caviar expulsando a los mercaderes en el templo. De sus milagros, me quedo con el de Lázaro, que fue el ensayo de su propia resurrección. De su publicidad, me quedo cuando caminó sobre la mar, sin efectos especiales.

El pueblo no ha cambiado mucho. Un domingo, el de Ramos, lo recibe como a un rey, a la entrada de Jerusalén. Cuatro días después Poncio Pilatos lo sentencia a morir en la cruz, a pedido del mismo respetable público. Parodia de justicia, linchamiento por encuesta. Más que el tormento en el Gólgota, me sobrecoge la humanidad de Cristo, frágil ante las tentaciones en el desierto, angustiado y solo en Getsemaní poco antes de que lo arrestaran. 

He intentado huir de la cultura del dolor que viene en cada Semana Santa. El puro sufrimiento no explica el oficio de Cristo. Tampoco su misma resurrección, que se construye como el final feliz de toda la historia. El verdadero oficio es el de luchador. Los evangelios dan cuenta de que Cristo vino a liberarnos, del pecado y de nuestras propias miserias. Esa lucha por la libertad del otro fue la verdadera pasión de Cristo. 

Cuando la pasión es muy fuerte, los costos se asumen. Cristo es grande no porque sufre en la cruz, sino porque estuvo dispuesto a pagar todo eso por su pasión. Lo que lo hace Dios, es que su pasión seamos todos nosotros, la humanidad entera. Hombre y/o Dios, esa dicotomía se explica por la pasión de luchar.  Quiso un mundo mejor y para eso se enfrentó a quienes lo impedían. Fue rebelde, irreverente, iconoclasta. El establishment lo mandó matar. 

Cristo puso la pasión por un mundo mejor en el ADN social y político de lo humanidad. Su mandamiento nuevo fue que nos amemos como él nos amó. Es una pieza maestra de marketing. Breve, clara, aplicable a todo y eficaz donde se aplique. Amar significa pensar en el otro, olvidarse de uno mismo para preferir al otro. Ser solidarios con el necesitado, ser tolerante con la minoría. Respetar igualdades. Así de sencillo, muchas veces, así de difícil. 

¿Tuvo éxito la pasión de Cristo?. La pregunta es capciosa porque la respuesta debe estar en presente y futuro. Porque, veinte siglos después, muchos hombres y mujeres, de todas las clases, de todas las religiones, aún los que no creen en Dios, han seguido dando su vida por un mundo mejor. Lo que debiéramos hacer, día a día, es que la pasión por un mundo mejor ya no nos salga tan caro. Depende de nosotros, aquí y ahora, Amén.