HugoSánchez Casanova
Familia SAC Por Hugo Sánchez Casanova

Es muy común en las empresas familiares que varios miembros de la familia propietaria (o de las familias propietarias) y/o parientes cercanos trabajen en la empresa. Esto, por sí mismo, no es ni malo ni bueno. Sin embargo, la experiencia nos enseña que cuando caemos en la trampa de confundir los fines de la familia con los de la empresa, generamos condiciones que pueden derivar en conflictos.

Una explicación que en mi experiencia ayuda a entender esto tiene que ver, por un lado, con la similitud de los fines de la empresa y de la familia (que explicaremos a continuación); y por el otro, con el mal uso del criterio de subsidiariedad (que trataremos en un siguiente post).

¿Cuáles son los fines de la empresa? Podemos citar tres fines concretos que son igualmente válidos para cualquier empresa:

– Generar valor económico añadido (VEA), es decir que sus ingresos superen sus gastos de manera que queden utilidades como para generar dividendos y una nueva inyección de capital para que la empresa siga creciendo. Lo que se espera de una empresa es que por lo menos llegue a punto de equilibrio, es decir, que los ingresos al menos cubran los costos y gastos. Si bien es cierto no todos los años se puede dar utilidades, lo cierto es que si en varios períodos la empresa no pasa del punto de equilibrio, dejará de existir. Los propietarios preferirán invertir su dinero en otra alternativa.

– Generar valor añadido al cliente (VAC). Aunque la empresa esté dando utilidades hoy, no significa que lo seguirá haciendo mañana. La competencia hace que lo que hoy es exitoso mañana no lo sea, por lo tanto debemos actuar para evitarlo. Esto se logra gracias a la capacidad de innovación, que no es otra cosa que entender y atender mejor las siempre cambiantes necesidades del cliente. Para ello debemos contar con la participación y aporte de todo nuestro personal, especialmente de aquellos que están en contacto con el mercado y los clientes.

– Generar valor humano añadido (VHA). De la misma manera que ningún empresario usaría materia prima defectuosa como input al proceso productivo, y para ello somete éstas a un riguroso control de calidad previo,  tampoco deberíamos usar personas ‘defectuosas’ para realizar las operaciones de la producción. Debe entenderse ‘personal defectuoso’ como aquel que está desmotivado o –peor aún– hace lo que no debe y lo promueve entre sus colegas, mostrando una falta de valores y compromiso que son profundamente dañinos para la organización. Lo que hay que reconocer es que muchas veces este defecto se origina como derivado de malas prácticas dentro de la propia empresa. Por ello la generación de VHA no es otra cosa que la capacidad de la empresa de generar aprendizajes positivos en la organización, sobre la base de vivir valores valiosos (aunque suene redundante) y no seudovalores (como trabajar jornadas excesivas y extenuantes de manera sostenida y casi obligatoria, sin reconocimiento de horas extras, por ejemplo). El VHA hace que nuestro personal se sienta motivado a dar lo mejor de sí, porque está comprometido con la misión de la empresa, con los clientes y con el equipo.

Por otro lado, la función de la familia también tiene tres fines análogos:

– Generar el sostenimiento económico. El jefe de familia debe proveer ingresos suficientes para sostener las necesidades propias de cada miembro, y dar dentro de lo posible bienestar.

– Desarrollar profesionalmente a quienes forman parte de la familia: que tengan una profesión, un medio para poder sostenerse en el entorno, cada vez más cambiante y competitivo.

– Desarrollar como persona a cada uno de sus miembros, es decir que sean ‘gente de bien’, con valores bien arraigados, que sepan ser útiles a sus prójimos y a la sociedad.

Como se podrá notar, tanto familia como empresa tienen fines muy parecidos, sin embargo existe una diferencia muy importante. Para la empresa el fin no esencial pero imprescindible es generar riqueza. Tal como hemos mencionado, si el VEA es negativo sostenidamente, la empresa dejará de existir, así sean sus miembros muy creativos e innovadores, y sean además muy comprometidos y colaboradores. Por el contrario, el fin que define a una familia es el tercero: formar personas en valores. Somos muchas veces testigos de que familias de gente bien preparada y con mucho dinero, lejos de unirse, se disputan los bienes que unos y otros consideran le corresponde con mayor derecho.

Pues resulta que muchas veces los familiares que trabajan en la empresa son tratados sobre la base de lo que mandan los fines de la familia, y no los de la empresa. Me explico: pongamos el ejemplo de dos hermanos, uno que trabaja en la empresa familiar y otro no. ¿Debe este último recibir un sueldo de la empresa? El padre puede decidir que sí, en tanto que como jefe de familia debe proveer de ingresos a sus hijos para que se sostengan. Es más, puede justificar la decisión en términos de que son igualmente hijos suyos y, por lo tanto, merecen recibir lo mismo. Sin querer, está dejando de lado el último fin de la familia (formar en valores), que –como hemos dicho– es esencial. Siendo la equidad un valor fundamental, se debe entender que ésta no significa “dar a todos por igual”, sino que significa “dar a cada quien lo conveniente”. ¿Es conveniente que quien no trabaja reciba un sueldo?.

La buena intención y su condición de padre (antes que empresario) puede llevar al propietario de la empresa a forjar una situación que –como hemos mencionado– termine generando grietas en la relación familiar y tarde o temprano impacte en la empresa.

 

Imagen: grandespymes.com.ar