HugoSánchez Casanova
Familia SAC Por Hugo Sánchez Casanova

“La Marina te paga un sol por dar órdenes, el resto de tu salario es para asegurarte que se cumplan”. Esta frase la aprendí en mis años de oficial y me ha acompañado durante toda mi vida profesional para recordarme la responsabilidad que tenemos quienes ocupamos cargos de dirección. Con ésta y otras dos frases traté de explicar al hijo de un propietario de empresa cómo corregir su desempeño para que pueda ser considerado como futuro gerente de la empresa.

  • “La empresa te paga un sol por dar órdenes, el resto de tu sueldo es para asegurar que se cumplan”. Hoy por hoy existen muchos jefes que se limitan a dar disposiciones y con ello creen que su labor de gestores se ha cumplido ¿Les suena familiar la frase “pero yo ya mandé el mail” como excusa para justificar la falta de ejecución de alguna tarea? Pues justamente en no caer en esa práctica radica el consejo que queremos dar: es responsabilidad de quien manda ver que las disposiciones se cumplan y, si no sucede ello, entender por qué su personal no ha realizado la tarea. La respuesta ante una no ejecución puede estar en una de tres razones: no sabe, no puede o no quiere. Si es lo primero lo que se necesita es información o capacitación, lo cual es relativamente fácil de superar. Si es lo segundo lo que se necesita es investigar lo que le impide desarrollar una acción: por un lado podemos estar ante la escasez de algún recurso por lo que la solución pasa por el presupuesto, pero en otros casos pasa por habilidades, lo que puede implicar hacer un esfuerzo importante para lograr que la persona las adquiera al menos en lo mínimo necesario. El caso más serio es el tercero, pues implica entender y corregir el por qué la voluntad de una persona es contraria a los propósitos de una tarea. Resolver esta dificultad es el reto de los buenos directivos y lo que marca su carácter como tales. Lo fácil es prescindir de estas personas, lo difícil es recuperar la buena voluntad de estos trabajadores descarriados quienes una vez conversos se convierten en apóstoles de la gestión de su jefe.
  • “No hay nadie tan fuerte que lo pueda hacer sólo, ni nadie tan débil que no pueda ayudar”. Sucede con frecuencia que una persona en posición de mando, cuya capacidad profesional es destacada, se limita a implementar sus ideas y lo que sabe, imponiéndole a sus colaboradores su entendimiento de las cosas; y aunque pueda tener razón, la implementación -al ser impuesta- deja de lado el elemento principal de nuestra recomendación anterior: no busca ganarse la voluntad de la gente. Pasa  mucho con los hijos de los fundadores o con profesionales recién contratados que vienen de buenas universidades y con muchas y muy buenas teorías, pero que no conocen la realidad de la empresa. Por ello, el hacer participar a los trabajadores -independientemente de su nivel jerárquico- en la concepción, propósito, diseño, presupuesto o planificación de los procesos de mejora o transformación, redunda en que cada uno de ellos sienta suya la tarea asignada y se comprometa con la misma. Lo más rescatable de ir por esta vía, según lo he podido comprobar, es que cuando los resultados no se dan, no es el jefe el que se equivocó (reacción normal ante aquel que se impone), sino es que todos nos equivocamos y todos queremos corregirnos y mejorar.
  • “Se puede engañar a muchos por poco tiempo, o a pocos por mucho tiempo; pero no se puede engañara a muchos por mucho tiempo”. Esta frase original de Abraham Lincoln, fundamentalmente refleja la necesidad de desarrollar la coherencia en quienes quieren ser gerentes. Entendamos coherencia como la capacidad de una persona de pensar, decir y actuar siempre con los mismos fundamentos. Por supuesto lo que se espera es que su pensamiento (razonamiento, capacidad de análisis y criterios para decidir) sea valioso, que contenga principios éticos. Radica ahí la importancia de los valores de la familia para poder formar a quienes obtendrán el poder y serán los futuros decisores de la empresa familiar. Pensar bien y expresarse bien son temas fundamentales pero tal vez lo más difícil es actuar bien y la mejor recomendación que se pueda dar al respecto es hacerlo siempre con vocación de servicio: oportunamente y en la medida que lo necesite el beneficiario. Finalmente es la actuación lo que genera el ejemplo, que es la huella indeleble que marca la esencia de quien está al mando.

Lograr que el futuro gerente general personifique los elementos fundamentales de una buena cultura (excelencia y servicio) son los retos más importantes para la sucesión. Mi trabajo en esta empresa familiar recién empieza, pero creo que si este hijo logra ejercer con propiedad lo que enseñan estas tres frases puede presentarse ante el comité de familia como un candidato a continuar con el legado del padre ¿Usted qué opina?

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