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Transformación desde adentro

Los criterios de inversión responsable sirven también para las políticas internas de las organizaciones.

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A pocos días de empezar el 2021, y habiendo superado el año 2020, es indudable que nuestras vidas y la forma cómo hacemos los negocios no volverán a ser la misma. Ha quedado demostrado que nuestras acciones tienen repercusión en los demás: personas, empresas, clientes y hasta la sociedad en sí misma. 


Es aquí donde el concepto de inversiones responsables adquiere protagonismo. Estas inversiones son aquellas que buscan la sostenibilidad financiera de la operación. Toman en consideración criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo (conocidos mundialmente como ESG, por sus siglas en inglés). 


A nivel mundial, nueve de cada diez inversores consideran el desempeño no financiero como pieza fundamental al momento de definir sus inversiones, ya sea de manera frecuente u ocasional, según la encuesta de EY sobre Servicios de Sustentabilidad y Cambio Climático (CCaSS), realizada a inicios del 2020. 


Desde el 2016, en el Perú existe el Programa de Inversión Responsable (PIR), iniciativa impulsada por empresas financieras con operaciones locales, siguiendo la tendencia global. Su objetivo es mejorar las prácticas de inversión y así producir un cambio en el ecosistema financiero. 

Acciones diarias


No se trata de criterios valorados solo al momento de tomar decisiones de inversión. También sirven de referencia para establecer políticas internas en las organizaciones. “Así como trabajamos en propiciar en las empresas en las que invertimos el cumplimiento de buenas prácticas ESG, también nos esforzamos internamente por cumplirlos”, afirma Renzo Ricci, gerente general de Prima AFP, una de las empresas que forma parte del PIR en el Perú. 


Lo anterior significa repensar cómo las empresas se interrelacionan con sus grupos de interés, entre ellos sus colaboradores. Por ejemplo, la pandemia Covid-19 ha generado una nueva condición en los negocios: el teletrabajo. Nueve de cada diez empresas en el Perú tenía previsto continuar con esta modalidad incluso una vez levantada la cuarentena, según el estudio Benchmarking de Recursos Humanos COVID-19 de PwC, difundido en julio pasado. 


El teletrabajo conlleva un factor implícito: el balance vida-trabajo de las personas. ¿Cómo responden las organizaciones ante ello? Prima AFP ha desarrollado lineamientos para evitar agendar reuniones virtuales y no enviar comunicaciones fuera del horario laboral. 

Otra situación que ha revelado la pandemia son los altos niveles de violencia contra las mujeres que persiste en el Perú. Entre enero y octubre fueron registrados más de cien feminicidios. 


Muchas veces la violencia contra las mujeres inicia con prejuicios y degenera en violencia física. Por esta razón, cada vez son más las empresas que impulsan políticas de equidad de género. Es así que, por ejemplo, la AFP del grupo Credicorp, ha capacitado a todos sus colaboradores para el reconocimiento de sesgos inconscientes y la prevención del acoso laboral.  


En el Perú aún existen muchas oportunidades de mejora en los ámbitos ambientales, sociales y de gobierno corporativo. La iniciativa PIR busca saldar esta cuenta.  ■



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