MauricioOlaya
Directores al Día Por Mauricio Olaya

A continuación algunos mandamientos que valdría la pena sean tenidos en cuenta por todo director al integrarse al máximo órgano de administración de una empresa.

(i) No asumir el cargo de director para hacerle el favor a alguien o simplemente como un elemento decorativo de una hoja de vida propia o de la empresa

Si aceptas el cargo de director deberá ser para ejercerlo en términos reales, siendo plenamente consciente de las responsabilidades de carácter administrativo, penal y patrimonial que estarás asumiendo, no solo por tus actos como director, sino también por tu inacción como tal (es decir, ya no se trata de decir “yo no sabía nada” porque la legislación reciente apunta a responsabilizarte por lo que se presume debías saber o evitar en tu rol de director).  Los tiempos han cambiado y el cargo de director usualmente regulado por normas generales que se referían a un deber de diligencia general, lo es ahora por normas muy específicas que exponen a los directores a riesgos ya no solo reputacionales sino patrimoniales y penales. No cabe duda que en los próximos años habrá, como ocurre ya en otros países, una mayor casuística y jurisprudencia sobre esta materia.

(ii) Velar por el interés de la sociedad y no de sus accionistas concebidos de manera particular

Esto que parece una afirmación evidente no es necesariamente internalizada con la misma claridad en el ejercicio cotidiano del cargo. Muchos directores designados por un grupo de accionistas claramente mayoritario, o incluso por el único accionista, piensan que lo que sea en interés de dicho accionista o grupo de accionistas debería ser de interés de la sociedad, olvidando que la sociedad es más que solo el accionista, sus dividendos y la última línea del balance. Existe un deber del director de velar por todos los interesados en la empresa, tales como los trabajadores, acreedores y el propio Estado. Es basado en esto último que el Estado ha terminado, a través de normas explícitas, convirtiendo a los directores en sus “aliados” en la erradicación de conductas indebidas o no deseadas (corrupción, elusión, concertación, etc.) asignándoles responsabilidad directa de gestión por acción u omisión.

(iii) Conocer tus derechos y responsabilidades básicas como director

No asumas el cargo de director sin al menos darle una mirada a los artículos 152 al 184 de la Ley General de Sociedades, cuya redacción es bastante entendible incluso para no abogados. Esto te permitirá tener una idea clara de lo que significa tu rol como director en términos de derechos y responsabilidades generales. Adicionalmente, sería ideal contar con información al día sobre las nuevas responsabilidades que han sido incorporadas a los directores y representantes legales de las empresas y que se encuentran dispersas en otros marcos normativos relacionados a temas tales como delitos susceptibles de ser cometidos por representantes legales y directores, libre competencia, tributarios, entre otros. Esta información podrá serte compartida a través de un reporte legal y actualizada por los asesores de la empresa a la cual te vayas a incorporar como director.

(iv) Mantener tu independencia

La independencia en el ejercicio del rol de director es tan clara como la responsabilidad personal que enfrenta el ejercicio del cargo. No obstante, es usual ver que a no pocos directores, supuestamente independientes, les cuesta mantener una posición firme cuando el director accionista y controlador eleva su voz unos decibeles más o realiza afirmaciones categóricas basadas en su experiencia. En realidad, la independencia no se demuestra con la ausencia de parentesco, sino con la actitud del director. Un director debe mantener siempre su capacidad de cuestionar y discrepar sin importarle la dieta que dejará de percibir en caso pierda la “confianza o gracia” del accionista.

(v) Mantener reserva

Pocas cosas serán más valoradas por la empresa que tu reserva respecto a la información a la que tengas acceso en el ejercicio del cargo. Como director tendrás derecho a acceder a la totalidad de información de la empresa, debatir sobre sus planes estratégicos y situación financiera, conocer a los empleados claves, las fortalezas, debilidades y riesgos. Ese acceso irrestricto a los aspectos medulares de la empresa tiene como contrapartida una obligación legal expresa de reserva durante el ejercicio del cargo e incluso con posterioridad a ello (sin límite temporal) con las consecuencias indemnizatorias derivadas de su violación.

En nuestra próxima entrega nos ocuparemos de los cinco mandamientos restantes.