MauricioOlaya
Directores al Día Por Mauricio Olaya

Extenderle a una persona una invitación para formar parte de un directorio, al margen de la respuesta del invitado, es en términos generales un momento agradable para ambas partes, que ocurre en un contexto distendido, de elogios de un lado y agradecimientos del otro.

Situación distinta ocurre cuando por alguna circunstancia corresponde decirle al director que ya no se le requiere o que ya no se puede contar con su participación en el directorio.

A continuación, veamos las circunstancias en las que un director podría terminar su relación con la sociedad, sin que ello ocurra necesariamente por su iniciativa; además de algunas sugerencias para que ello se produzca en el mejor contexto posible.

(i) Por vencimiento del plazo del directorio

Si bien el plazo de vigencia de un directorio puede establecerse, según la ley, entre un año y un máximo de tres, la propia norma establece expresamente que la reelección es perfectamente válida. Esto último guarda consistencia con el hecho que, al ser el directorio el máximo órgano de administración de la sociedad, en caso los directores lo estuvieran haciendo bien, debería ser perfectamente posible su reelección y permanencia. Es esta última circunstancia la que genera en los miembros de directorio una “expectativa” de acompañamiento a plazo ilimitado y, por ende, cuando ello no ocurre genera una relativa sensación de “incomodidad” o de, simplemente, “sentirse mal”. Esto se agudiza cuando algunos otros directores sí son reelegidos y se mantienen en el cargo sin que haya habido cambios en la estructura de control de la compañía.

(ii) Por cambio en la estructura de control

Como consecuencia de la incorporación de un nuevo accionista en términos de control o participación, corresponde naturalmente que el directorio pueda tener un “acomodo” que refleje de forma adecuada esa nueva estructura. Reiteramos, siendo el directorio el máximo órgano de administración de una empresa, es lógico que goce de la confianza de los accionistas y que pueda verse afectado o al menos reconsiderado cuando la estructura accionaria se vea alterada.  En este contexto los directores entienden con claridad que el cambio antes indicado puede generar su sustitución.

(iii) Por impedimentos sobrevivientes de carácter legal

Dentro de la libertad de elección que corresponde a los accionistas, la ley ha establecido ciertos impedimentos para poder ser nombrado director de una empresa y causal evidente de sustitución de un director si sobrevienen durante el ejercicio de su cargo.  Dentro de estas podemos mencionar las siguientes: (a) aquellas que tienen que ver con alguna limitación intrínseca en la persona (por ejemplo, que un accidente o enfermedad le impidan estar en condiciones de expresar su voluntad o realizar un análisis como el que corresponde a su cargo); (b) si fuera declarado quebrado (la lógica, discutible o no,  está referida a que quien no puede velar por su propio patrimonio quizás no pueda hacerlo con relación al patrimonio de la sociedad); (c) causas de gestión pública (situaciones específicas relacionadas al hecho que el director ocupe un cargo en la administración pública que pueda hacer cuestionable su permanencia como director). En estos casos una buena práctica en la sociedad es solicitarle a los directores que informen inmediatamente a la sociedad cuando acepten ocupar algún cargo en la administración pública para evaluar si tiene o no efectos con relación a esta causal; (d) supuestos de conflicto de interés con la sociedad en caso el director haya decidido demandarla o por asumir una posición de director, administrador o incluso accionista, en otra sociedad con la que aquella tenga permanentes intereses opuestos.

(iv) Por causas de carácter reputacional

Existen circunstancias determinadas a partir de las cuales un director en la esfera de su vida personal sufre una mella reputacional que puede tener impacto en la imagen de la sociedad y podrían determinar la decisión de esta de solicitarle su renuncia. Esta situación es una de las más complejas porque la reputación no es una casual objetiva y en algunos casos podría requerir toda una investigación para arribar a un juicio de valor. No obstante, y en ocasiones lamentablemente, los grupos de interés pueden haberse formado una opinión al margen de la culpabilidad legal que obligue a la sociedad a tomar una decisión difícil y solicitarle al director su apartamiento de la sociedad. Ejemplo de esto podrían ser temas sobre corrupción, discriminación, agresión, actos contra las buenas costumbres o la comisión de aparentes delitos bajo investigación, entre otros, que puedan, además, haberse amplificado por coberturas realizadas por medios de comunicación respetables.

(v) Por ausencia de alineamiento con la cultura y valores

Cada vez más las empresas promueven una cultura y valores determinados que deben desplegarse con congruencia y esfuerzo desde el directorio. En ese sentido, si por ejemplo alguno de los directores se apartara de dichos valores o principios, tales como el respeto a la diversidad, equidad de género, no violencia, etc.; la sociedad debería reaccionar con inmediatez y dejando, en ese caso, de lado las múltiples competencias del director, tomar una decisión firme, ya que son los valores de una sociedad los que prioritariamente, y por encima de todo, deberán ser cautelados para formar día a día una cultura corporativa.

(vi) Por necesidad de nuevas competencias

A lo largo de la vida de una sociedad esta va pasando por diversos estadios (empresa familiar en sus inicios de gobierno corporativo, empresa con nuevos accionistas, algunos institucionales, etc.) y va lidiando con diversos entornos (ingreso de nuevos competidores, ingreso a nuevos mercados, impacto de la tecnología, etc.).  Siendo así, las competencias requeridas para hacer frente a cada estadio y entorno puede demandar nuevos o diferentes perfiles de director que puedan determinar nuevas incorporaciones o sustitución de algunos directores.

(vii) Por agotamiento de aporte

Siendo el directorio el máximo órgano de administración de la sociedad, se requiere que permanentemente esté en condiciones de agregarle valor. Siendo así, podría ocurrir que con el transcurso de los años algunos directores hayan cumplido con aportarle a la sociedad lo mejor de sí, pero que ello que fue relevante en una etapa haya dejado de serlo, bien sea porque el propio director no fue creciendo al ritmo de las demandas de la sociedad o porque su competencia técnica ya ha sido plenamente absorbida por la sociedad, no siendo ahora generadora de valor adicional.

(viii) Por baja performance

Al igual que las gerencias que constituyen un órgano de administración (ejecutor) que está siendo permanentemente evaluado por el directorio, el directorio como órgano de administración (más de carácter planificador) debe también ser evaluado permanentemente por los accionistas de la sociedad o incluso por su propia iniciativa a través de servicios ofrecidos por terceros para estos fines. Los resultados de estas evaluaciones, que no necesariamente deberán ser formales, pero si generar reflexiones de desempeño, deberán ser tomados en cuenta para fines de determinar la continuidad o no de los directores.

(ix) Por bajo involucramiento

Es importante que los directores den muestras de involucramiento, crecimiento en el entendimiento del negocio, formulación de aportes y otros que justifiquen su posición.

En ocasiones toca ver en los directorios a integrantes que han evolucionado muy poco en el conocimiento del negocio, que permanecen bastante pasivos durante las reuniones o incluso distraídos en sus temas profesionales personales o redes sociales durante la realización de estas o eventualmente y, en muchos casos, toca ver a directores que sienten que su rol se ejerce única y exclusivamente en las dos o tres horas de la sesión y se sabe muy poco de ellos durante el tiempo que transcurre entre la celebración de estas. Debe tenerse presente que uno es director los 365 días del año y no solo durante las horas de sesión a las que se es convocado.

(x) Por pérdida de interés o imposibilidad de la empresa

Finalmente, no quiero dejar de mencionar (sin que se interprete mi coincidencia con ello) que hay ciertos casos en los que la empresa, sobre todo aquellas que son familiares y que dieron el paso de conformación de un directorio sin un total convencimiento, pueden decidir que es “mejor” dejar de contar con este porque no se sienten preparadas para ello, porque les “demanda mucho trabajo” o porque en la búsqueda de reducción de costos en medio de una situación de estrés financiero es lo mejor.

Luego de haber enumerado algunos supuestos entre los más usuales para la terminación de la relación de un director con la sociedad, debo sugerir en todos los casos un adecuado “protocolo de salida” que sea empático con el sentir del director, que en muchos casos puede considerar que venía haciendo las cosas bien, que tenía mucho más que ofrecer, que el tema reputacional levantado no es real, etc. Un buen protocolo, deferente y adecuado para cada circunstancia, permitirá asemejar de alguna manera el buen momento que existió al momento de la incorporación del director con el momento en que se le anuncia su partida.

¡Hasta la próxima!