Albertode Belaunde
En Buen Estado Por Alberto de Belaunde

Conforme aumenta el desprestigio de nuestro Congreso de la República, aumentan también las propuestas para reformarlo. Semanas atrás comenté la iniciativa que busca eliminar el voto preferencial y hace pocos días se empezó a discutir otra propuesta que tampoco creo que sea adecuada: prohibir que los congresistas puedan reelegirse.

Al igual que en la propuesta de eliminación del voto preferencial, la propuesta para prohibir la reelección de congresistas implica restringir la libertad de los votantes a la hora de elegir. Y al igual que con la anterior propuesta, no queda claro por qué limitar esa libertad nos asegurará un mejor Congreso.

En especial si tomamos en cuenta que la reelección congresal no es un fenómeno común en nuestro Parlamento. De los 120 congresistas del periodo 2006-2011, solo 73 postularon a la reelección para el periodo 2011-2016. Y de esos 73, sólo 25 fueron reelectos. Es decir, menos de un quinto de los congresistas del periodo anterior repitió el plato.

Asimismo, si analizamos los nombres de los congresistas envueltos en los escándalos mediáticos (uno de los principales motivos del desprestigio actual del Parlamento), ninguno de ellos es un congresista reelecto, por el contrario se trata de “caras nuevas”. Con ello, de haberse aplicado esta medida en la última elección, la impopularidad posiblemente sería la misma.

Además, entrando al tema de fondo, si quitamos la posiblidad de reelección, ¿no estamos quitando también un incentivo para que el congresista realice de mejor manera su labor? El interés por la reelección sirve para que el congresista no pierda contacto con sus representados y sus intereses porque sabe que será evaluado por ellos en las urnas a la hora de intentar un nuevo periodo.

Esta prohibición también evitaría que tengamos personas con experiencia en las técnicas legislativas y fiscalizadoras. Cada cinco años sería un nuevo inicio, perdiendo la posibilidad de aprovechar de la experiencia ganada. La propuesta de reforma prohíbe per se, sin posibilidad de que el elector decida, contar con una combinación de experiencia y cambio que sin duda favorece a cualquier institución.

Coincido con la necesidad de reformar el Congreso, pero las reformas que se debatan deben tener como centro al ciudadano, preguntándonos cómo podemos contar con mayores mecanismos de comunicación y fiscalización entre representantes y representados. Las propuestas que se centran en crear restricciones a las libertades de elección no solucionarán el problema.